por quÉ

Publicado: abril 26, 2012 en Por qué

Una de las mayores plataformas para el incremento de antidepresivos como la sertralina, es la soledad en la urbe moderna. Estamos rodeados de una marea de gente, una marea que cruza, de forma intermitente, de forma se diría que casi aleatoria, nuestro camino. Una marea que nos puede salpicar, e incluso ahogar, sin ni siquiera prestarnos atención. Es la soledad paseando por la gran vía, entre prostitutas africanas, escritores venidos a menos (o a más), miembros de tribus urbanas, actrices fans de Tom Waits, abuelos con nietos, secretarias con mayor número de títulos universitarios que sus jefes, etcétera, etcétera.

Aviso, contiene spoilers de castle (o Becket), de El público (Bruno Galindo), del por qué de José Mourinho, y, más importante, de un anuncio de orange.

Esta es una de las vidas de la depresión en la gran ciudad. Que te olviden aunque pases cada día delante de sus narices, aunque vean tu estrambótica forma de mirar, o de pisar, o de lo que sea. Generalmente se dice que la historia pone a cada uno en su lugar, que castiga a quien tiene que castigar, y glorifica a quien tiene que glorificar. Una mentira aceptada por todos, una mentira estúpida. Hitler fue, es y será recordado como uno de los personajes claves del siglo XX. La multitud de nombres, de genealogías que abortó el nazismo, terminarán olvidándose con la muerte de los supervivientes, con la muerte de los recuerdos. Seguirán sus nombres en una piedra, pero serán eso, nombres en una piedra, una cifra que provoca escalofríos, un todo que anula las partes. Y mientras eso pasa, Hitler seguirá siendo tema de debate, seguirá siendo el uno que reunió al todo nazi.

¿A qué vienen estas reflexiones? Hace pocos minutos, o quizá no tan pocos, estaba viendo un capítulo de Castle (o Becket). También, en los anuncios, intentaba terminar la ópera prima de Bruno Galindo, El Público (que es excepcional, pero queda horrible que yo lo diga porque Bruno Galindo me cae bien, me gusta como periodista y, lo más importante, cuando yo empezaba a intentar seguir pasos edificantes como el suyo, tuvo una paciencia infinita respondiendo mails a un niñato de 23 años que respondía a mi nombre y escribía fatal y pensaba peor). Bien, pues en ese lapso que va de coger el mando a distancia para silenciar el sonido, se ha emitido un anuncio de una marca comercial de móviles, Orange. ¿La escena principal? Un tipo que se siente desorientado, literalmente perdido, en unas calles vacías de toda luz tecnológica y toda sombra humana (igual no, igual sí que había luces tecnológicas, porque los huidos tenían tanta prisa que no podían pararse a ser comprometidos ecológicamente hablando. Igual también había alguna sombra, como en Abre los ojos había alguien en una ventana). Se le ha estropeado su móvil, su marcador en el mundo, en la vida, en el desierto. Afortunadamente, Orange son precavidos, y el anuncio es una campaña que te vende que, si por lo que sea, te quedas sin móvil, en seguida te envían uno de repuesto. Creo que era algo así, y si no era algo así, tampoco me importa, porque me parece más interesante lo que he creído ver, que lo que quizá haya visto en realidad. Cuando el buen hombre, unos treinta años, atractivo, con pinta de emprendedor y buen novio o esposo (está en esa edad difusa) recupera su móvil, la ciudad recupera su movimiento. Es curioso cómo podemos intercambiar los códigos, reescribir las historias. Y esto me retrotrae a que en el capítulo de Castle el asesino son dos, y ninguno lo sabe. Y a que en el libro de Galindo, se menciona cómo todo acto cultural es regurgitado por el sistema, que se apropia de ese acto y lo perfecciona con fines comerciales. No es una teoría nueva, pero Galindo la expone con un juego metaliterario muy interesante. Ah, me encanta la revista que, a la manera del paisaje en algunas buenas pelis, es un personaje más de la trama. Premium g. Que aúna lo mejor de cada casa, ya sabéis, Vice Magazine, suplementos culturales varios, y crea la bomba definitiva. Bien, volvamos al hilo principal. De la misma manera que la sociedad se apropia de los conceptos contraculturales, nosotros, como individuos de la misma, podemos apropiarnos de los conceptos que la sociedad nos envía. Y todo deriva en una conclusión, en la gran pregunta del hombre (sin necesidad de occidentes ni comunismos).  Dado que ambos flujos no sirven para cambiar nada, porque todo cambia para seguir igual… ¿Por qué? No lo sabíamos, pero Mourinho es el mayor filósofo del siglo veintiuno, del milenio. Camus se preguntaba por el suicidio, Mourinho lo trasciende. Simplemente por qué. Incomprensión, ni siquiera reflexión sobre si debemos o no suicidarnos.

POR QUÉ.

Comentarios
  1. M.A.V. dice:

    Vi ese anuncio y lo que pensé es que era horriblemente hipócrita. El susodicho móvil (y cientos de cachivaches más) no nos comunican con los demás, sino que potencian la soledad con un contacto superficial y estúpido entre las personas.

    En fin… estamos rodeados.

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