TARNATION

Publicado: noviembre 29, 2010 en cine, Tarnation

Nueva York no crea los sueños del mundo, como L.A., Nueva York los vive; aunque a veces deriven en pesadilla. Lo que une ambas ciudades, aparte de su carácter de falsas capitales del mundo, es el mercado humano de tránsito, de final de trayecto, de ciudad como cambio vital a todos los niveles.

 El actual Nueva York, a diferencia de la urbe que conocemos por la ficción, ha perdido parte de su peligro; se siente domesticado, controlado, dirigido. Rudy Giuliani desdibujó las calles, rehizo los pasos. En definitiva, borró el Punk. Ciudad segura, arte aséptico. No más “Taxi Driver”, no más Blank Generation, no más novelas del estilo Hubert Selby Jr.

A pesar de esa parcial pérdida de identidad, para Jonathan Caouette, Nueva York significó/a una tabla de salvación, un espacio donde organizar su existencia (creativa, social, mental), y forjarse como personaje cinematográfico absoluto. “Tarnation”, documental autobiográfico de Caouette, fue estrenado hace seis años, con John Cameron Mitchell y Gus Van Sant ejerciendo de productores ejecutivos. La película sobrepasa las prioridades del circuito gay o del género documental. Es una simbiosis total de crudo surrealismo y doliente veracidad, creando un sentido empático, de exploración de la psique, la disfuncionalidad familiar y el error humano.

19 años de vida montados en una película que muestra grabaciones domésticas de todo tipo, teniendo sus puntos de guía en el patetismo extremo y la confesión como catarsis y valor artístico. Caouette, abandonado por su padre y parcialmente por su madre, criado entre centros de acogido y los abuelos maternos, acepta como suyo el escalpelo onírico de Lynch para derramar sangre. Un sacrificio de intimidad quizá no muy canónico pero sí terriblemente efectivo. Este acto expositivo devendrá en lacerante sinceridad: Caouette llega a actuar como un depredador con su madre.

Renee Leblanc, la madre de Jonathan, es la clave del film. Juguete roto en su máxima expresión, Renee, de crepuscular belleza, sufre los estigmas del pretérito sistema sanitario mental, decidido a remediar los problemas del alma a base de “saludables, energéticos y revitalizantes” electroshocks. Mente dañada, cuerpo mancillado (fue violada ante los ojos de su hijo), y otras terribles vivencias difuminadas por la esquizofrenia, Renee es quien duele de verdad. Ella, a diferencia de Jonathan, no tiene salida, o al menos, su única salida es un caro caballo llamado amnesia, que ni su propio hijo desea aceptar a veces, en beneficio de la cinta.

 Se hace difícil, por no decir imposible, registrar en palabras una cinta tan sensorial, necesitada de imágenes, de aullidos para ser aprehendida en conjunto, interiorizada y sufrida. Se le presupone continuidad por su naturaleza cronológica, una segunda parte marcada por los nuevos proyectos de Caouette (actualmente trabajando en un documental sobre el festival de música All Tomorrow’s Parties), y lo que hizo desde entonces (cameo incluido en “Shortbus”, de Cameron Mitchell).

Mi acercamiento al film fue debido a una solicitud de entrevistador por parte del director de la Web Paisajes Eléctricos, Enrique Campos. Ante la imposibilidad de realizar una entrevista vía mail, se me preguntó para hablar con Jonathan Caouette por teléfono, una propuesta que acepté, llegándome a escribir con el director para concretar fecha y hora. Finalmente, la entrevista nunca se hizo. ¿Por qué? Básicamente por sentirme incapacitado emocionalmente, dejando por primera vez de lado la profesionalidad que se presupone a un inquisidor de respuestas. Es tanta la desnudez expuesta por Caouette, tan cercano y lejano todo al mismo tiempo, que solo pude disculparme lo mejor que pude y comentarle que prefería dejar la entrevista para más adelante, siempre y cuando él quisiera y yo tuviera la entereza suficiente para afrontarla. Más adelante es noviembre de dos mil nueve, días después de una estresante gira ejerciendo de manager de Mae Kurtz, y lo único que puedo hacer respecto a “Tarnation” es este híbrido de crítica y columna personal. Supongo que algún día llamaré a Brooklyn, terminaré cerrando el círculo, y antes de enfrentarme a la verdad, a la mía, a la suya, a la de todos…hablaré de Nueva York, de lo que sintió Jonathan cuando llegó allí, de lo que sentiré yo cuando vuelva y observe sus ojos en mis pupilas.

Publicado en enero del 2010, Generacion.net (edición impresa y digital).

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