AMY WINEHOUSE

Publicado: diciembre 8, 2010 en Amy Winehouse, Música

MÁRTIR Y DEMONIO.

 Don y maldición. Si no nos sintiéramos tan lúcidamente descreídos, diríamos que es algo inherente al destino de ciertos artistas, dándole un cariz romántico al malditismo, expurgando en la premisa toda consideración moral terrestre. Johnny Thunders no vivió y murió legendariamente porque estaba escrito en las estrellas; el ADN y los falsos cantos de sirena que vislumbró en la figura de Keith Richard fueron los responsables. Y claro, entre el ídolo y el idólatra existe una diferencia abismal: Keith tuvo todo el dinero del mundo para desintoxicación, mientras Thunders no debía poseer ni una aguja limpia con la que chutarse. En el parnaso del Rock ambos albergan tronos, pero poco le debe importar eso a un esqueleto, básicamente porque ya ni siente ni padece, y lo que queda, sus discos, es pasto de los vivos.

Amy Winehouse es una estrella del Rock con todos los clichés posibles. Los buenos y los malos. Una recapitulación perfecta, mezcolanza de huellas pretéritas en tiempo presente. De duro carácter, y a la vez terriblemente sumisa a un hombre (¿por fin se ha divorciado del parásito inspirador?). Superdotada compositora que no ha creado nada que no se hubiera hecho antes y, en la mayoría de los casos, mejor. Peligrosa para ella misma, su inconsciencia provoca miles de dólares en la prensa amarillista, también miles de carcajadas (tristes o estúpidas, o ambas cosas a la vez) en los lectores adictos a la ponzoña periodística. Peripatética en su peor concepción, está incluso perdiendo el pulso de la estética entre operaciones quirúrgicas fallidas y combinaciones terribles de prendas. Puede sonar frívolo, pero en su forma de presentarse se siente a nuestra heroína totalmente perdida, sin nada a lo que agarrarse ni a lo que trepar (como sus ínclitos, fascinantes moños). Cuando un enfisema pulmonar representa el “alma”. 

 A pesar de todo, de sus desplantes, de sus fracasos, de sus poco recomendables sospechosos habituales, es la mayor estrella de Rock del siglo XXI, sin hacer Rock, aunque eso sea lo de menos. Nadie, absolutamente nadie, ha convulsionado la calle como lo hace esta londinense con acento cockney y malas formas. Jack White ha resucitado el garaje (como Amy el Soul), los grupos que intentan sonar a Queens of the Stone Age son innumerables, Coldplay (ese híbrido domesticado de U2 y Echo and the Bunnymen) llenan estadios, Muse se han convertido en el absurdo relevo de Queen, Antony Hegarty es lo más en las bandas sonoras de directores arties….Para bien o para mal, así están las cosas, pero ninguno de estos artistas o grupos tienen la dimensión sociológica de Winehouse. No salen habitualmente en las tertulias radiofónicas, apenas protagonizan portadas en la prensa generalista, no suelen abrir telediarios, no tienen legiones de clones por las urbes más importantes del planeta (Nueva York, Madrid o Berlín). El incendio Amy, solo apagado (parcialmente) por la muerte del Rey del Pop.

Es imposible enviar un artículo a las diez de la noche, y esperar que por la mañana sea actual. Esa misma noche Amy habrá protagonizado un nuevo escándalo, habrá creado otro capítulo más para una vida que da para un terrible biopic (con producción hollywoodense y estructura de serie b). A sus veintiséis años. Ahí radica el drama, que no podamos llenar un libro con sus hazañas musicales, sus vibrantes conciertos, su fascinante voz. Libros de Amy podemos encontrar varios por Amazon, incluso en la librería de una ciudad de provincias. Poco Soul hallaremos en ellos, muy poco en comparación a las biografías de otras divas del género, en muchos casos más autodestructivas y trágicas que la inglesa, pero, y lo realmente importante, también más productivas a la hora de inmortalizar grabaciones. Porque Amy no es un producto vacío tipo Britney, un juguete roto sin talento que, y eso sí que es patético, continua grabando, teniendo éxito (no tanto como antaño, pero éxito al fin y al cabo) y sacando adelante su “carrera” tras asustar a sus frágiles seguidores, autoproclamándose el anticristo o rapándose la cabeza. Tampoco vamos aquí a destrozar un ser inerme como Britney, bastante suerte/desgracia tiene siendo quien es, White trash girl sin malicia en un negocio de tiburones. Amy no parece inteligente, pero tampoco una marioneta que se escapa a las manos de quien la mueve. Como Ace Frehley, la nueva diva del Soul será una calavera siempre. Su estatus de millonaria solo complica las cosas hasta grados superlativos. Imaginaros cualquier personaje de poca monta de las películas de Guy Ritchie (creaciones basadas en tipos que veréis por Camden Town o Portobello), dadle millones de libras, y arruinaréis aún más su vida. Porque si antes era un borrachín, un broncas, un pequeño adicto, los millones acrecentarán esas pulsiones, se verá totalmente sobrepasado por las circunstancias y la joderá, como la jodió Ace Frehley, como la jodió Mickey Rourke , y como la está jodiendo Amy.

Algunos argumentaréis que en tiempos políticamente correctos, asépticos, de compresas que hacen sonreír, se echa de menos personalidades así. Es cierto, son necesarias las estrellas explosivas, contradictorias, viscerales, incorregibles, pero ojalá jamás se cumplan los vaticinios de la prensa, ojalá esos rebeldes de lujo siempre lleguen a viejos y no tengamos que levantarnos viendo en la pantalla del ordenador un feo cadáver. Ese es el problema de Amy, que si de repente fallece, y dios quiera que no sea así, a nadie le extrañaría. Muchos, incluidos algunos ejecutivos de su discográfica, lo celebrarían con champagne. El negocio redondo y con tan solo un par de discos, el aprovechable “Frank” (mermado por una producción errónea, un concepto de R&B insustancial) y el majestuoso “Back To Black”, donde puso al día las constantes del Soul en canciones que son ya clásicos, añadiendo un matiz moderno gracias, sobre todo, a Mark Ronson. Es triste tener que escribir estas palabras, porque ante todo, necesitamos a Amy. Incluso se me antoja injusto, demasiado cristiano, ponerse en el papel de abogado del diablo, sin haber vivido una explosión de fama tan apabullante y compleja como la suya, sin haber pasado al nivel de opulento alcohólico tras ser borrachín, de bala perdida rebuscando para una última copa (o raya, o lo que sea) a elegir lo que quieras, cuando quieras, y como quieras, rodeados de chupa sangres.

“Music is where I can be honest” ¿El título de su tercer larga duración? Teniendo en cuenta el carácter confesional de sus letras, este titular que brindó al Mojo serviría perfectamente. De una depresión post ruptura surgieron las canciones de “Back to Black”, ese sentimiento de melancolía imperecedera combinado con autoafirmación frente al sujeto que la despechó. Si un cabrón así es capaz de inspirarle, ¿por qué no darla un crédito de confianza y esperar un huracán de magistrales canciones tras el acoso sufrido y “buscado”?

 Este pasado verano colaboró en el concierto de los Specials en un festival, cantando junto a la mítica banda Ska “You’re Wondering Now”, que ya había versionado la londinense tanto en estudio como en directo, y “Ghost town”. Esa aparición es un hecho significativo de su pureza e integridad. Pudiendo colaborar con quien quiera (la lista de peticiones es tan alargada como alucinante. Tampoco tiene desperdicio sus rechazos a muchas estrellitas), decide salir a escena después de mucho tiempo con un grupo tan recomendable como los Specials, insuflándoles una nueva vida en su retorno. Gracias a esa colaboración, muchos críos escucharán por primera vez a los precursores de algunos de los artistas que idolatran.

La otra gran noticia positiva del año es la creación de Lioness Records, el propio sello de Amy inspirado en la Motown de Berry Gordy (esperemos que no sea tan estajanovista) y 2 Tone Records. La jovencísima Dionne Bromfield ha sido su primer fichaje, facturando un disco donde reinterpreta clásicos del Soul femenino con buen resultado. Madrina y apadrinada actuaron juntas en televisión. Este sello podría dar salida a las inquietudes de Winehouse, virando su propuesta musical hacia el Ska o el Reggae, siempre tamizado por un inconfundible sabor Pop. Ya ha demostrado lo bien que se mueve en esos terrenos, bálsamos de curación. Sería capaz de registrar un gran álbum conforme a esos sonidos, de temas propios o versiones (¿os la imagináis cantando “Guns of Brixton”, por ejemplo? ¿O algo más puro?). Y qué me decís de un duo con Sharon Jones, y la banda que las une, los Dap Kings, haciendo el armazón sonoro, para una nueva canción de la saga Bond. Sería un bonito detalle de Amy a una persona que merecería tener su mismo éxito, rompiendo los cuchicheos de los puristas. Dejemos las conjeturas.

 El futuro no es, y el futuro que pensamos en presente, se vislumbra como un arma de cargada y ambivalente violencia. Esperemos a Amy, confiemos en ella. La pistola está en su mano. Mejor disparar canciones que tiros al aire. Soñemos que Amy, con Salaam Remi repitiendo a la producción, nos deje rotos de éxtasis en su tercer álbum. Porque hay placeres que no merecen un final amargo. Amy Winehouse, troubled Diva.

Publicado en enero del 2010, Popular1

comentarios
  1. paisley dice:

    A ver ese tercer álbum que tal, con que sea como el 2º , incluso un poco menos, ya me doy con un canto en los dientes. Para dúo así sensacional, se me ocurre por ej. con P.P. Arnold, sería la releche.

    Felicidades por el artículo y por rl blog.

  2. candela dice:

    gracias reyo por pensar como pensamos unos cuantos y encima saber plasmarlo como tú bien lo haces . saludos

  3. Zesotar dice:

    Muy buen artículo. Ya hay bastante material para leer aquí, y pasar muchos buenos ratos.
    Ha llegado la RockZone a la empresa, a ver que te cuentas…

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