EL ANSIA

Publicado: febrero 10, 2011 en EL Ansia

“Cuando empezamos Bauhaus yo estaba muy metido en el cine expresionista alemán y en la pintura. Era normal que termináramos adaptándolo a nuestro propio imaginario visual. Todo, desde cómo nos vestíamos, a la iluminación, las portadas de los discos o los póster estaba bajo la influencia de ese movimiento”. David J.

Lo primero que oímos, que vemos, nada más empezar “El Ansia”, es a Bauhaus/Peter Murphy separado/s del público por una verja, sufriendo una especie de catarsis/transformación en algo que, desde luego, simboliza el peligroso magnetismo del vampirismo. Dadle al play de la memoria y rescatad del subconsciente colectivo esa secuencia: Bowie y Catherine Denueve cazando, Bauhaus en directo con “Bela Lugosi´s dead”. Como si del pragmatismo visceral de la sentencia “ser sublime sin excepción” se tratara, la banda de Peter Murphy demostró en menos de cinco minutos toda la obscura e intransferible elegancia de una leyenda.

La consolidación del mito vampírico, a través de la novela de Bram Stoker a finales siglo diecinueve, en ese inicio del libertinaje tal como lo entendemos, situado en una ambigua urbe que gracias a la luz eléctrica sobrevivía a la noche, tuvo la reválida perfecta en el “Drácula” protagonizado por Bela Lugosi en 1931. “El Ansia” suponía el salto perfecto, ensamblando tiempo pretérito y presente, hacia la locura hedonista de la ciudad en otro casi final de siglo. En cierta medida, las cosas no habían cambiado tanto. El amor y la muerte de los ochenta tuvieron su alianza definitiva por el sida. En la ópera prima de Tony Scott, esa experimentación creó algo diferente, que sólo puede compararse a lo que supuso en los noventa “The Addiction”. Ya no había lugar para castillos, ni decorados trasnochados, o sentimentalismo de otra época. Todo seguía igual, y a la vez, el escenario era completamente diferente.

La sangre simboliza la vida; su supresión, la muerte, que no deja ser otro paso de la primera. ¿El amor y el sexo? Inermes ante el paso del tiempo, son las únicas armas que poseemos para intentar ser inmortales, aunque siempre sea de manera efímera. En esa contradicción puede vislumbrarse algún sentido, si es que queremos buscarlo.

 La dicotomía de vida y muerte, amor y sexo, es la realidad de una película tan efectista como sincera. Criticada como un extenso anuncio, algo inherente al cine de Tony Scott en toda su trayectoria, ese tratamiento no debería verse en “El Ansia” de manera peyorativa, sino como otro de los aciertos de la cinta. Nadie más elegante que una Catherine Denueve madura (y mucho más atractiva que en su juventud) para protagonizar ese supuesto anuncio, para mantenerlo en suspense y capturar una atmósfera de secretista decadencia. Catherine Denueve es una Eva tan fría y cruel como romántica. Es una Venus que perfectamente podría haber imaginado la polémica Camille Paglia.

Al final todo se paga, y el deseo, el irrefrenable deseo, droga que nos acerca al cielo infinito que poseíamos en la niñez, tiene su terrible consecuencia. Tened cuidado, y no mezcléis vuestros fluidos con cualquiera, porque ese cualquiera puede mataros de amor, de sida, de vampirismo. Si hasta David Bowie, icono camaleónico e imbatible, es capaz de sucumbir, qué podremos hacer nosotros, mortales seres cotidianos y predecibles, para no caer en la trampa. La moraleja de una Doctora Roberts (Susan Sarandon) autosuficiente, que no necesita de la trampa de Miriam, que es capaz de enjaular la desaforada pasión y hundirla en una letanía de gritos eternamente agonizantes, es la moraleja de la razón frente al sentimiento. “The passion of lovers is for death” cantaba Peter Murphy. La canción se grabó antes de concebirse el cameo de Bauhaus en la película. En esa estrofa la resume completamente.

1982-1983. “Blade Runner”, “El Ansia”. Un mismo apellido dirigiendo ambos Films. Un mismo destino de mediocridad cinematográfica a partir de entonces en ambos hermanos. Un mismo gusto exquisito por la estética. ¿Un mismo final de ausencia? Prometeo y los vampiros. El tiempo, ese implacable juez, aupó “Blade Runner”, sonoro fracaso en su momento, como una obra de arte de obligado visionado. La supuesta frivolidad que se asocia a “El Ansia” le ha hecho quedarse en un limbo extraño de penumbra y ceniza. Ese mismo limbo extraño que nos espera a todos. “Ooooh, Beeelaaaaa…Bela’s Undead”.

Publicado en Generacion.net (edición impresa & web).

comentarios
  1. Amén, reivindico “El Ansia”.

  2. Núria dice:

    Me encanta el Ansia, :DDDDDD, es una de mis pelis preferidas.

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