THE MARS VOLTA II

Publicado: febrero 2, 2012 en The Mars Volta II

Rebajando las pulsaciones, y entregando su obra más atmosférica y melódica, The Mars Volta vuelven a sorprender en su quinto disco de estudio. “Octahedron” es el nombre de la criatura, un álbum más accesible que el funesto “The Bedlam in Goliath”, y con las desapariciones (de personas, y sentimientos) como eje argumental.

Tras la frenética, enervante embriaguez que supuso su anterior álbum de estudio, The Mars Volta necesitaban calmarse, poner sonido al último día. “Octahedron” sirve de bálsamo de curación, un ansiolítico perfecto para solventar la tristeza del adiós. Y es que es en el adiós repentino pivota todo el álbum. La desaparición como motivo principal, sin ajustarse a ninguna explicación lógica. ¿Por qué nunca volvimos a saber nada de X persona? ¿Dónde se perdió la intensidad y el romanticismo de nuestra juventud? Interesante planteamiento para los globalizados tiempos del mercurial Facebook, ente de nostalgia mal entendida.

Siete piezas de taciturna calma, destacando la dupla final, “Copernicus” y “Luciforms”, y con la violenta “Cotopaxi”, recordatorio de la pesadilla previa, como meridiano del disco, encerrado finalmente todo en el número que simboliza la justicia en el Tarot. Y de justicia es reconocer la titánica labor de Omar Rodríguez-López, para sorprendernos en cada puerto del viaje que supone The Mars Volta, un viaje que conoce su punto de partida (en “Octahedron”, inspirarse en el legado de Nick Drake o Syd Barret), pero no su final.

A principios de Mayo, y con la promoción de su nuevo disco en solitario (“Criptomnesia”), servidor contactó con el cerebro de The Mars Volta para hablar de lo divino y lo humano. El día es erróneo. Le llamo a su casa en Guadalajara, México, en una jornada de relax (se oye, cómo no, música de fondo). Un desajuste de agendas que propicia ser el único entrevistador que le requiere ese primer lunes de mes. Omar rechaza mi ofrecimiento de posponer la cita; prefiere charlar sin la presión de saber que tendrá posteriormente más entrevistas. El tiempo programado termina doblándose.

Como su compinche Cedric, Omar transmite buenas vibras, y más que entrevistar al mejor músico de la última década, se tiene la sensación de estar hablando con un espontáneo amigo nocturno, al que poder recomendar películas (“Arrebato”, de Zulueta, por ejemplo) o libros. Omar Rodríguez-López, entre Oriente y Occidente, creador de “la única banda que importa”.

Acabas de sacar un disco, “Criptomnesia”, con tu nuevo proyecto, El grupo nuevo de Omar Rodríguez-López.

“Es un disco que hice en el verano del dos mil seis. Empezó como un proyecto con mi amigo Zack Hill, el baterista de Hella. Me emocionó mucho trabajar con él, porque somos cuates, muy buenos amigos, y habíamos platicado mucho antes de hacer este proyecto. Queríamos hacer un par de cosas juntos. La primera, Zack quería tocar en uno de mis discos solistas, que ha sido este, ‘Criptomnesia”, y la segunda, hacer una colaboración. Lo que finalmente sucedió es que en una gira conjunta que hicimos, con System of a Down, tuvimos cuatro días libres, y ahí grabamos el álbum. Fue una época difícil, porque justamente yo había echado a mi segundo baterista de The Mars Volta, Jon Theodore, y le había ofrecido el puesto a mi primer baterista. El tipo fue una auténtica pesadilla. Fue un tiempo medio pesado. Cuando empecé la grabación, solo quería salirme de esa onda, como se suele decir, y meterme en una atmósfera positiva. Por eso empecé a trabajar con Zack. Los discos siempre son como una especie de catarsis, una forma de terapia, de entenderte un poquito más y sacar lo que tienes interiormente. Me ayudó muchísimo hacer ese disco, disfrutarlo, acordarme de que la música no tiene que ser una pesadilla. A los pocos días, me puse las pilas,  encontré otro batería para The Mars Volta y eché al otro. No solo fue hacer un disco, me enseñó lo que no estaba viendo”.

Algo que llama la atención, es que publicas tus diferentes proyectos en solitario con varios nombres, como por ejemplo El grupo nuevo de Omar Rodríguez-López u Omar Rodríguez-López Quintet. ¿Por qué pones esas distinciones, siendo tú el cerebro de todo?

“Por los diferentes músicos que utilizo, solo por eso. Porque el Quintet tiene a mi hermano, a Money Mark, a Adrián Terrazas y a Juan (Alderete), pero entonces hice uno sin Money Mark, con otra gente, y venía Cedric a cantar a veces, así que ese sí que se le puede denominar un grupo, ese sí que puede cambiar. De hecho, hice una gira, ahorita, en marzo, por Europa. No fuimos a España, desgraciadamente. Estuvimos en Grecia y en Rusia, entre otros lugares. En este grupo sí que pueden cambiar un poquito los miembros. El nuevo grupo era solo una denominación para distinguirlo de la formación del quinteto, con la excepción de Juan Alderete. Está  en él con Zack Hill, y Jonathan Hischke”.

“Cryptomnesia” lo has sacado con tu nuevo sello, Rodríguez López Productions. ¿Qué tipo de filosofía vas a llevar con el sello?

“Mira, la cosa es que tenía otro sello antes, que llevó el final de At The Drive-In y todo The Mars Volta. Se llamaba GSL (Gold Standard Laboratories), y fue un sello exitoso por un tiempito, en el sentido de que pudimos ayudar a muchos grupos a sacar discos, sus primeros álbumes, grupos que lograron después hacer cosas más grandes y continuar su carrera. Ahora, lo que pasa, es que haciendo eso, e invirtiendo tanta energía en el underground, tiene sus inconvenientes. Para mucha gente es muy hippie, muy cool, tener un grupo, sacar un disco, y separarse, y hacer otro grupo diferente, o hacer un disco y no querer trabajar ni ir de gira. Eso está bien, si uno quiere hacer eso, me parece correcto,  pero yo vengo de otra escuela. Para mí cuando tú haces un grupo es como una relación. Metes tu energía, hasta que ya no puedas más, como hice con At The drive-in durante siete años, o puedas hacer con cualquier otro grupo. Es una inversión de todos los integrantes del grupo. Trabajas, vas de gira, y trabajas, trabajas, trabajas…hasta que un día digas OK, ya no funciona. El problema que teníamos en GSL es que había muchos grupos que no tenían ese sentimiento. Además, al final acumulamos muchas deudas, pagábamos mucho dinero que no iba a volver a entrar, y no hice el sello para hacer dinero, pero para hacer discos se necesita dinero. Básicamente estábamos pagando para editar los discos de grupos que no iban a trabajar ni al cincuenta por ciento que trabajo yo en mi grupo, y se me hizo un poquito injusto. Decidí cerrar el sello, y de ahí decidimos hacer otro Sony (Kay) y yo. Sony es mi partenaire, el director de arte en el sello. Así, abrí  un nuevo sello que está  dedicado solamente a los discos que yo esté haciendo, a los de The Mars volta y o relacionados con The Mars Volta. Es decir, por si alguien quiere hacer un disco, Cedric por ejemplo, o mi hermano. También para grupos que son amigos míos, y que yo sé que van a trabajar durísimo. No le pusimos Rodríguez-López records, porque quiero que sea más que un sello, quiero que sea algo tridimensional. En algún punto quiero empezar a editar películas. He hecho ya cinco películas, que están aquí en mi casa, sin editar, y me gustaría sacarlas. También quiero editar un libro que escribió Cedric, otro libro de fotografías, las pinturas de mi hermano….Me gustaría que fuera algo multimedia, que hiciéramos lo que queramos. Por eso le pusimos producctions, para que no se limite sólo a discos, que la gente no se espere eso únicamente. Y por ahí vamos, poco a poco. Ya sabes que tal como está el clima actualmente en la industria, es un poco difícil”. (Risas)

Cada año sacas multitud de álbumes, y supongo que habrá un proceso de filtración entre lo que va a entrar en tus proyectos en solitario y en los discos de The Mars Volta. Es obvio que estás tú de nexo de unión, y que en algunos álbumes solistas hay ciertas canciones que encajarían en The Mars Volta. ¿Cómo separas el material?

“Bueno, hay que dejarlo claro. En principio  solo estoy en casa, en mi estudio, escribiendo y grabando, grabando, grabando… y no pienso en las canciones en el sentido de lo que va a encajar en The Mars Volta, o lo que va a encajar en mis discos solistas, únicamente  hago música, Lo que sucede después, cuando se me acumula la música, es que empiezo a separarla Es como organizar un cuarto, ya sabes, las medias por acá, los papeles por allá… (Risas). Después, un poquito inconscientemente, decido que quiero centrarme en diez canciones concretas, o grabar un disco e invertir mucho tiempo en él. Y esas diez canciones, ese disco, puede que sea finalmente The Mars Volta, porque mi proyecto de The Mars Volta está con un sello grande, y nos dan más dinero para desarrollar los álbumes, Todo lo que quiere decir eso, el dinero, es que tengo más tiempo y más herramientas. Suele suceder así, me digo, de todos esos experimentos que hice, cuales son los diez que más se me antoja ir más allá y refinarlos, y son esos diez temas los que se convierten en un disco. Y de los otros experimentos, si son buenas ideas, si quiero que crezcan y se conviertan en otra cosa, tengo que hacerlo sin chinga, a mi manera, yo soy mi ingeniero personal. Es más callejero. Lo que pasa a veces pasa es que me equivoco. Hay excepciones, momentos en que he escogido una canción, que he querido hacer algo en concreto, y luego creo que debería sacarla de The Mars Volta y moverla a mis discos de solista, o al revés, un tema solista que lo meto en The Mars Volta. He llegado al punto que, tras editar disco en solista, posteriormente, cuando tengo dinero, quiero llevar un concepto más allá, y cojo una canción de ese disco y la grabo otra vez, porque, como te dije, tengo más tiempo y herramientas. Básicamente ese es el proceso, un poquito al azar, pero también con cabeza”. (Risas)

The Mars Volta habéis estado hasta ahora en Universal Records, e imagino que habrás tenido problemas por sacar tantos discos en solitario, porque saturas el mercado. Lo tuyo es arte, pero ellos piensan en dinero.

“Bueno….En el inicio, cuando empecé el contrato con Universal para The Mars Volta, me emocioné demasiado, porque me cayeron muy bien y nos dieron todo el control. Les avisé de entrada que yo era el productor del grupo, el líder, que iba a hacer todo y no les quería ver en el estudio, ni que comentaran la música, solo que me dieran el dinero y yo les entregaría el disco. Ya sabes, tú me dejas hacer lo mío y yo te dejo hacer lo tuyo. No te voy a decir cómo tienes que vender un disco y tú no me digas cómo hacerlo. Estuvieron de acuerdo .También les dije que quería que apoyaran a mi sello cada año, y, de nuevo, OK. Todo fue tan bien, y tan positivo, que me emocioné demasiado. En la etapa final del contrato, les comenté que ahora que tenía mi propio estudio de grabación, íbamos a editar cuatro discos de The Mars Volta al año, y olvídate, ahí fue como ¡Aaaaaaaaah!, ahí les dio algo (Risas). Podías observar el terror en sus caras. Entonces ahí lo limitaron pusieron en el contrato, un disco de The Mars Volta al año. Normalmente los grupos hacen un disco cada tres años, así que ellos dijeron que OK, vamos a editar cada año un disco de The Mars Volta, y puedes sacar tús discos como solista. Eso sí, les comenté que quería que colaborara Cedric en mis discos en solitario, siempre que la música lo necesitara. Es una cosa de familia, y no iba a permitir que por un contrato no pudiera colaborar con mi hermano del alma, mi mejor amigo, desde que éramos chamacos. Yo no entré en este negocio para que me obliguen a ese tipo de cosas. Me dijeron que me entendían, y que hiciera mis discos solistas, pero ya estaba todo organizado desde el principio. Lo cierto es que se dieron cuenta que yo era real. Imagino que al principio pensaron que era un tipo loco que hablaba demasiado. Vieron la realidad, cuando renegociamos el contrato, que han salido trece discos míos de solista (Risas), más del doble que con The Mars Volta. Les pareció bien. Eso sí, lo único que me pidieron es que, si de repente hay un disco que vean que tiene potencial, que les guste mucho, que les diera la oportunidad de ayudarme en la distribución y ese tipo de cosas, y les dije que me parecía bien”.

No está mal el acuerdo. (Risas)

“No, no está mal para nada”. (Risas)

De hecho, en julio, vuelves a sacar disco a lo grande, con The Mars Volta, “Octhaedron”.

“Bueno, Octahedron lo grabé el año pasado, en agosto. Qué te puedo decir, a ver…Es que aún no hemos empezado con su promoción. Bueno, es el disco que escribí después de ‘The Bedlam in Goliath, y es todo lo contrario. ‘The Bedlam In Goliath era un disco de asfixia, de, espacios muy pequeños, un álbum muy oscuro, de fuego. Para mí fue de mucho terror. El disco nuevo es un poco la antítesis. Hay mucho espacio, mucha claridad. Fue un placer hacerlo. Si hay un elemento, ese es el agua. Y no sé qué más decirte”.

¿Volvéis a cantar en castellano e introducir más elementos latinos como la salsa? Porque en “The Bedlam In Goliath” todo era en inglés, y había menos influencia latina.

“No, tampoco en este. No tiene nada de castellano, y casi nada de la influencia del sonido salsero que hemos tenido en el pasado. Queríamos hacer algo totalmente diferente. Es muy difícil, después de haber hecho cuatro discos con Mars Volta, hacer un disco que no suene igual a los anteriores. Esa es mi mayor pesadilla, repetirme. Por eso deshice el otro grupo. Si tengo que cortarme un brazo para hacer un disco diferente, lo hago, antes eso que andar vacío artísticamente. Aunque me dolía mucho, suprimí las influencias de salsa, y otras constantes habituales en mí. He querido ponerme limitaciones, no hacer un disco con una intro muy larga, quitar ciertos desarrollos…ese tipo de cositas, para que surja un sonido diferente. Mira, como yo escribo todo, las canciones, las líneas de bajo, las líneas de los metales, los sintetizadores…pues suena a mí, y como Cedric es el que escribe las letras, y tiene una voz única, suena a él, y es complicado cambiar.  Después de cuatro discos, ha sido muy difícil que no sonora a lo que habíamos hecho. Ese ha sido mi reto”.

A pesar de estar con una discográfica grande, The Mars Volta sois totalmente independientes, y únicos. Siempre intentáis hacer algo original vuestras propuestas no son fáciles, pero tenéis mucho éxito. ¿Es difícil ser honesto cuando vendes tanto, seguir tu camino con todas las tentaciones que surgen? Hay millones de ejemplos de artistas que han dulcificado o comercializado en exceso su sonido. Te pongo como ejemplo Queen en los ochenta, incluso vuestros amigos Red Hot Chilli Peppers. No sé, hay miles de ejemplos de grupos que eran muy originales y luego derivaron en una música más mainstream.

“No, no siento esa presión porque vivo una vida muy diferente de los grupos que has mencionado antes. Entiendo lo que dices, pero ten en cuenta que esos grupos, aunque eran muy originales y muy buenos, tenían una estructura más clásica en su relación con el sello. El sello entra en el estudio, escuchan la música, comentan lo que les parece…hay un cierto proceso que sin llegar a ser íntimo, sí tiene mucha parte de involucrarse. Por ejemplo, para saber quién va a mezclar el disco. El sello ha estado metido en la casa de esos grupos. Como te he comentado antes,  el sello no entra a mi casa, no entra en mi corazón, no entra en mi alma. Yo hago mis discos y los entrego, y a veces se sorprenden porque no encuentran nada que vender. Eso es lo que pasó con ‘Amputechture’,  para ellos fue un horror. “En Frances The Mute’ estaba la canción  ‘The Widow’,  que tuvo mucho éxito, y  la discográfica esperaba otra canción así en el disco, y se llevaron una gran decepción al comprobar que no había nada de ese estilo.  No sabían qué hacer. Yo les respondí que yo tampoco sabía qué hacer, lo mío es crear discos y entregárselos, y el suyo venderlos. Por eso, estar en un sello grande, o la influencia de ser famoso, realmente no existen para mí. Puedo sentirlo cuando me tiro en la calle a girar, en esos momentos, en el escenario, es cuando te das cuenta que han venido a ver a tu grupo, y que te conocen, pero veinte o treinta minutos después de haber tocado,  puedo ir a la calle a encontrar algo para comprar, y ya es otra vida. Un tipo que se puede burlar de mí, meterse con mi pelo, al otro tipo que le estoy pagando, me está tratando mal…todo lo que le puede ocurrir a una persona normal. He escogido no vivir una vida de famoso. Sí que tengo amigos famosos, pero yo no tengo sus miedos, ni asistentes, estoy muy involucrado en todo lo que hago. Voy al mercado los domingos, aquí en México, y compro mis frutas y mis verduras. Una vida muy sencilla, la misma que he vivido desde que era un chamaco, de la calle. Es cierto que tengo una casa grande, con mi estudio, pero eso para mí son más herramientas. Siempre pienso que soy el mismo chamaco que era cuando tenía catorce años, y que estaba haciendo discos en el garaje de su papá, solo que ahora la casa es mía, y no me tengo que acostar a las diez de la noche (Risas). Poseo más instrumentos y de esa forma puedo disfrutar la vida un poquito más, Quitando eso, el resto es lo mismo, porque no soy una persona de fiesta,  no soy una persona que suela salir much , nunca me vas a encontrar a mí en revistas como Rolling Stones en las secciones de cotilleos, revistas a las que les importa más quién ha ido a tal fiesta, o quién se lió con alguien, que la propia música, A mí nunca me vas a encontrar ahí. Bueno, no nunca, porque de vez en cuando salgo y quién sabe quién te va a fotografiar (Risas). Realmente hago las cosas típicas que hace un chamaco de mi edad. Estoy en casa, no bebo, no fumo, no hago drogas, no estoy corriendo detrás de chicas… vivo una vida muy nerd, muy geek (Risas). A mí lo que me gusta es grabar música, ver películas, y meterme en Internet  para encontrar nuevos equipos de grabación e instrumentos”.

Ya que estás en México, tengo que preguntarte por la gripe porcina. En Europa, los medios de comunicación lo tachan de pandemia, y están metiendo miedo a la gente.

“Hermano, tú sabes cómo son los medios de comunicación de histéricos. Es una cosa política y de control, especialmente, en los Estados Unidos. Hay tanto énfasis y tanta obsesión con México,  en cerrar el puente… Pero aquí todo está bien. En Jalisco, el estado donde yo vivo, no hay ni un caso. Los muertos por ahora son catorce, y toda gente pobre que no se curó. Por fin, gracias a dios, algunos científicos de los Ángeles y Nueva York que estudiaron el virus, dicen que no es peor que el virus normal que pasa de cada noviembre a marzo. Es increíble toda la histeria que se ha generado con México. Estos días se dice que empezó en Estados Unidos, en San Diego, y esa persona de San Diego se fue al D.F., y como el D.F.  no es una de las ciudades más limpias que digamos (Risas), ahí empezó a crecer. Como tengo cable aquí, puse Fox News, que es la peor cadena en Estados Unidos, muy de derechas, unos cabrones, y lo que contaban era una locura. Según Fox News deberíamos cerrar la frontera, y no dejar que entren gente de México, que había ya miles de infectados, y muchísimos muertos. El LA Times el otro día, sacó un artículo dando a entender que no hay que exagerar las cosas, es una gripe que se puede tratar con medicinas. Mi editor vive aquí también conmigo, y su mamá es doctora, y dijo lo mismo”.

Quería conocer tu visión de México, y esa manera tan especial de vivir que tienen. Hace unos meses entrevisté a Jodorowsky, y me dijo que a diferencia de Europa, México es completamente surrealista.

“A mí se me hace una belleza. No sé si estoy de acuerdo con todo lo que tiene esta cultura, hay cosas que me gustan y otras que no, pero se me hace una cosa muy sana. Hay algo muy importante, y es ceder a nuestros hijos el hecho de que existen cosas que no podemos ver, cosas que no se explican solo con los libros y con ciencia, algo detrás de lo aparente. Para mí es sumamente importante, a lo mejor porque he sido criado de esa forma, al haber nacido en Puerto Rico y el Caribe. Allí  existe la santería, y sí que puedes asistir rituales diferentes y raros, rituales que hacían mis padres. Lo que me ayudó, como chamaco, fue ver las cosas desde otro punto de vista. Ya sabes, la vida no es solo comida, mesa, puerta (Risas). Puedes tener tus propias ideas más allá de lo que es el universo, y de lo que es dios, y de lo que es vivir en la realidad. Y a mí me fascina México, desde que era chamaquito. Sí que me parece un país surrealista, estoy seguro. Creo que André Bretón, el artífice del movimiento surrealista, dijo lo mismo al venir a México. Al parecer, acá, quería que un carpintero le hiciera una mesa, le dibujó qué es lo que quería de la mesa, se lo dio al tipo y cuando regresó, la mesa tenía dos patitas muy grandes y dos muy chiquitas, porque el tipo lo había hecho tal cual era el dibujo, sin considerar que era un dibujo tridimensionado (Risas). México es un país con mucho corazón y también con mucha oscuridad, con un pasado muy violento. Es una maravilla. Yo tengo toda la ternura para la gente mexicana. Ten en cuenta que aunque nací en Puerto Rico, solo viví ahí cinco años,  después nos mudamos a Puebla, México, que está al norte del D.F., estuvimos cinco años, nos fuimos a Estados Unidos, a Carolina del Sur, nos quedamos un ratito y después marchamos a El Paso, Texas, que está al lado de Ciudad Juárez. Casi todos mis amigos eran mexicanos, estaba rodeado de su cultura, que es muy diferente a la portorriqueña. Había tantas palabras que yo no entendía… Es otro lenguaje casi. Tantos dichos que me encantaban, y que yo empecé a usarlos. Me encantaba la comida, los rituales, la historia, los mayas…todo el rollo. Y ahora como adulto, me encuentro en una situación súper rara. Después de haber vivido en México, y en El Paso, y obviamente al venir tanto al DF, al estar trabajando con Guillermo Arriaga en sus películas, y viviendo en Guadalajara terminé siendo el único portorriqueño entre mis amigos. Ellos se burlan de mí por mi acento, y por los dichos que tenemos, así que empecé a tratar de hablar como mexicano, y pronunciar como ellos. Siempre me dicen, qué feo hablas hermano, eso no es español, brother. (Risas) Por eso empecé a decir cosas como qué onda, cosas que estoy diciendo ahorita en esta conversación, y que cuando vuelvo a Puerto Rico hacen que mis amigos de allí se burlan de mí. Volviendo a lo de antes, todo lo que me ha influenciado la cultura mexicana, lo que la amo, me ha convertido en una mezcla muy rara de persona, o de latino. Y también, el hecho de que yo he sido, guste o no, americanizado. Viví en los Estados Unidos por mucho tiempo. Por eso tengo esa onda de identidad muy mezclada, como lo que es mi música. Mi música es un espejo de lo que soy yo como persona, y eso solo es un tema, el tema del lenguaje. Me gustaría que hubiera más portorriqueños acá, para burlarme de mis amigos mexicanos (Risas). Tenemos tantas variantes del español… es una broma hermano. Recuerdo que el primer día que estábamos en México alguien dijo bicho, que para ellos es un animalito, para nosotros bicho es una palabra mala”. (Risas)

Sé lo que significa. (Risas)

“Cositas así, sabes. Usamos palabras comunes pero que tienen significados diferentes. Es muy gracioso”.

En tu estilo de tocar la guitarra también se nota ese sustrato latino. Siempre se menciona a Santana al hablar de tu música, pero a mí también me recuerdas bastante a Marc Ribot.

“Sí, claro, Marc Ribot es un cabrón. Me encantan los discos de Tom Waits donde toca Marc Ribot. Yo tenía diecisiete o dieciocho años y me fascinaban. Especialmente ‘Rain Dogs’. De hecho, todavía lo escucho”.

Imagínate que puedes hacer un disco como productor con Tom Waits. ¿Cómo sería?

“Ay hermano, la verdad, no sé. Seguramente renunciaría en ese disco. No sé si podría yo decirle a Tom Waits qué hacer. Creo que estaría demasiado nervioso, con mucha ansia. Mira que yo he conocido a casi todos mis ídolos, por el hecho de hacer música también, y siempre ha sido algo muy cómodo, han venido para conocerme porque les gusta lo que hago. Qué rara es la vida. Conocí a Iggy Pop, a los cabrones de Metallica, Harvey Hancock…muchos ídolos que me inspiraron, y aunque fueron momentos bonitos, no era nada extraño. Yo siempre he dicho, que la única persona que sería raro, y que me daría apuro, y me pondría nervioso, sería Tom Waits. Así que qué leche que mencionaste ese mismo tipo”. (Risas)

Es uno de los mejores artistas vivos que hay, o el mejor.

“Sí, sin duda”.

¿Qué te parece su primera etapa, más jazzy, de local nocturno? Mucha gente se queda con sus discos más experimentales.

“Yo amo todo, porque amo al hombre, amo conocer su cerebro, su alma, su ser. Es lo que pasa con la gente, con los fans, que solo están pensando en ellos mismos, en plan, a mí solo me gusta esta época porque recuerdo que conocí a mi novia, o que mi novia me rompió el corazón, lo que sea…No sé si sabes lo que te digo, tienen una cierta conexión psicológica y emocional. Para mí, cuando soy fan de algo, es porque me interesa la persona que lo hace. Con cada disco, estoy viendo una o dos o tres partes de lo que es esa persona, y eso me interesa muchísimo. Cuando me pongo un disco de Tom Waits, entiendo que estoy viendo una parte suya. Cuando voy y escucho lo del Be-bop, y Jazz del principio, estoy viendo una película, unas fotos de él como chamaco, y ahí me meto en esa vida totalmente. Siento lo que estaba sintiendo,  siento la emoción de esa época para él, y lo que a él le gustaba, y sus novias, y el amor que tuvo, y el terror y las pesadillas que sufrió….lo siento todo. Escuchas esos discos cronológicamente, y finalmente llegas a la nueva etapa, que es obvio que escucho a Captain Beefheart,  y le empieza a cambiar la voz, y me parece una experiencia tan increíble. Y sigo, así mismo, hasta los discos de hoy, cuando es obviamente un hombre más maduro, con una esposa. Yo puedo tener parte de esa experiencia de conocerle por su música. Eso es lo que me fascina del arte, de las pinturas, de las películas…estás viviendo una parte de la psique del artista que lo hizo”.

Igual que Tom Waits ha tenido diferentes formas de hacer música, ¿crees que algún día cambiarás tu forma de crear, volverás a hacer algo más simple y sencillo?

“Bueno, a mí me gustaría hacer de todo. Yo no sé dónde voy, sólo sé donde estoy ahorita y lo que estoy mirando, Y claro que me gustaría hacer otras cosas, porque como te he dicho, mi sentido es siempre crear algo totalmente diferente, no quiero repetirme. En algún punto, voy a llegar a un lugar  y darme cuenta que ya he hecho muchos discos con ese sonido, influencia o temas, y que debo irme por otro camino. Si eso es hacer un disco Pop, o Punk o lo que sea, tiene que suceder, porque sino no estoy haciendo música por mí mismo. Haría música para un cierto público al que le gusta que haga un estilo determinado. Yo no puedo vivir así, con ese miedo, pensando en un single cuando estoy componiendo, no sería honesto. Siempre tengo que ser honesto conmigo mismo, todo lo demás es como un cuchillo hacia mi corazón, un peligro. Tengo que escuchar mis instintos, e ir donde la vida me lleva, es el único objetivo”.

Un proyecto curioso que tuvisteis Cedric fue De Facto, tocando Dub. ¿Estabais influenciados por bajistas de bandas de Rock que introdujeron ritmos Dub en sus grupos, como Paul Simonon o David J.?

“Pues De Facto nació de eso mismo. Date cuenta que se suele creer que De Facto comenzó al final de At The Drive-In, y eso no es cierto, existía a la vez, e incluso un poquito antes. Desde que soy chamaco, desde los quince años, desde que Cedric y yo tocamos en grupos juntos, todos habían sido grupos agresivos, de Punk, con guitarras, gritando… pero ese no era el único mundo que teníamos. Con diecisiete o dieciocho años, escuchábamos a Fela Kuti, y Tom Waits, escuchábamos a todo, sentíamos que teníamos ese otro lado, como Lee Perry. Porque la música Dub, o Reggae, fue una gran parte del movimiento Punk. Así que ya en el noventa y cuatro, nos parecía chévere hacer Punk, pero necesitábamos otra cosa para divertirnos, y de ahí empezamos a hacer un grupo sin guitarras, sin voces, sin estructuras usuales, ese fue el nacimiento de De Facto. Nos encantaba Lee Perry, y la actitud de la gente que hacía la música Dub. Lee Perry creó todos sus discos en un cuarto pequeño, y hubo un momento en el que se dio cuenta que ya no era lo que quería, y quemó su estudio, sus discos, e hizo otro grupo. Esa actitud era cercana a lo que teníamos nosotros. También fue una cosa circunstancial. Siendo portorriqueño, amo la Salsa, la Guajira y el Guaguancó y me gustaría tocar así. En aquel entonces no podía técnicamente escribir esos arreglos, ni crear esas grabaciones, y en cambio sí que podía hacer Dub. El Dub tenía el mismo sentido y emoción que te da el Punk la primera vez que lo escuchas, de órale, eso lo puedo hacer yo. Yo puedo agarra un bajo y pum yo hago eso. Te inspira mucho, no es complicado de tocar, y a la vez tienes una honda muy profunda. Las cosas no tienen por qué ser complejas para ser profundas,  inteligentes y apasionadas. El Dub tiene muchos de esos reglamentos. De Facto lo hicimos todo durante toda la trayectoria de At The Drive-In, con giras por Europa. Cuando rompí At The Drive-In, y estábamos ensayando, ya éramos The Mars Volta, pero seguimos tocando con De Facto, porque ya no había billetes, había quebrado At The Drive-in, y seguimos dando conciertos como una forma de conseguir dinero. Como mucha gente no conocía De Facto, pensaban que era un grupo nuevo, y que De Facto se convirtió en The Mars Volta. De Facto era una entidad totalmente separada, y siguió existiendo mientras surgía The Mars Volta. No fue hasta que Jeremy se murió, en el dos mil tres, que dejamos de tocar y hacer cosas con De Facto. De Facto vivió desde el noventa y cuatro hasta el dos mil tres, casi diez años”.

Has mencionado ya varias veces a At The Drive-In, el grupo que te dio a conocer en el panorama internacional. ¿Qué aprendiste en At The Drive-In?

“Muchísimas cosas. At The Drive-In es otro tema grande. Yo en ese grupo me convertí en un hombre, y no es una forma típica de decirlo. Crecí con ellos. Tenía dieciocho años cuando empezamos el grupo, e hicimos todo juntos, girando y trabajando muy duro. Todas las cosas que suceden en esa época, la transición de chamaco a adulto, cómo enamorarte, cómo perder el amor, la muerte (…). Me lo pasé lo más bien, claro que no terminábamos de funcionar porque éramos muy diferentes. Disolví la banda unas tres veces, algo que la gente no entiende. No fue una cosa de repente, hay muchas historias detrás, como el mainstream o que empezáramos a ser populares. At The Drive-In desde el principio era un desmadre. Yo y Cedric siempre hemos sido los mejores amigos, hemos estado siempre juntos y hemos sabido qué queríamos hacer en la música. Con los otros tres miembros del grupo tocamos con ellos, porque eran los únicos otras tres personas en El Paso que estaban dispuestos a ir de gira, a no tener un trabajo estable, a dormir en un bar o en un parque, a no comer bien, a tocar delante de una persona, y  sin ninguna razón concreta. No había deseos de ser famosos, el único deseo era tocar música lejos de El Paso, ir a Nueva York, a Florida, a Europa….cualquier sitio. Eso era por lo que tocábamos. A la otra gente casi no los conocíamos, era gente que estaba muy seria. Tony (Hajjar), Jim (Ward), Paul (Hinojos)…bueno a Paul ya le había conocido hace tiempo, pero no a Tony y a Jim. Eran los únicos que quisieron meterse en el grupo. Imagínate que Tony estaba trabajando en la universidad de Utah, en lo que se llama Claisen Rearrangement Theory, y él estaba a punto de cambiar ese mundo. No sé exactamente, pero es algo que se hace en cinco pasos, y él iba a probar que se podía hacer en cuatro, entraría en los libros de biología como el tipo que demostró que se podía hacer en menos pasos, y en vez de terminar la carrera, por la que había luchado tanto, viniendo de una familia pobre, decidió dejar todo eso para irse de gira por cinco meses en un van, sin dinero, sin esperanza de ser famoso o que le fueran a pagar. Solo porque amaba la música, y porque era joven y si no lo hacía en ese instante, no lo iba a hacer nunca. Esa era la actitud. Le dio todo su trabajo a su compañero, y fue el que lo logró, y el que está en esos libros. Ese es el tipo de actitud que todos teníamos, el de que la música fuera lo más importante en mi vida aunque no nos lleváramos bien. Crecí mucho, y escribí mucha música en ese grupo. Entendí que la forma democrática de hacer arte nunca funciona, siempre hay un líder, guste o no. Y tratamos de entender que éramos un grupo tal cual, tratábamos de votar, pensando que todos éramos iguales…pero no funciona. De ahí surgían todos los problemas, Por ejemplo, yo no quería algo y Cedric siempre estaba de acuerdo conmigo, y yo con él, y aunque éramos tres contra dos, nosotros siempre ganábamos, porque éramos los líderes del grupo. Eso no les parecía justo, porque se suponía que éramos un grupo democrático, y así cada dos por tres. Empezamos un disco, sonaba igual que siempre, decidía quebrar el grupo porque quería hacer otra cosa. Al final siempre me decían que estaban dispuestos a cambiar, seguimos empujando, y cada disco era un problema. Ellos querían hacer algo más Pop, y más mainstream, y nosotros queríamos otra cosa. Esa fue la magia también del grupo, el sonido del grupo, ese desmadre interno que teníamos, esos dos frentes que querían cosas totalmente diferentes. Pero siempre llega un punto, después de pelear tanto, que….es como tener una novia, y pelear continuamente, llega un instante que no puedes más, te lo has pasado muy bien, ha sido increíble, pero decides romper. Los problemas que tuvimos, los dramas que sufrimos, derivaban de decisiones artísticas y visiones diferentes. La mejor cosa que le pasó a ese grupo es que lo rompí, porque ellos pudieron hacer el grupo que querían, Sparta, y yo pude llevarme a Cedric y hacer The Mars Volta, la visión que yo tenía de grupo. Sabes, con At The Drive-In girábamos diez meses al año, fue algo muy fuerte. De ahí también aprendí cómo ser productor, de gente como Alex Newport y Ross Robinson. En el estudio de grabación era una esponja, absorbiendo información. Todo eso me ayudó a tener las herramientas para ser el líder y el compositor de un grupo, que es lo que ha sucedido en The Mars Volta”.

Y si piensas en el viaje que ha supuesto en tu vida The Mars Volta, desde los inicios, con “Tremulant”, hasta ahora, que vais a sacar “Octahedron”, qué dirías.

“El viaje ha sido maravilloso, pero también una pesadilla, ha sido un espejo de lo que es la vida, es todo lo que puedo decir. Una locura que no entiendo, que a veces creo que entiendo, que disfruto, y a la que tengo miedo (Risas). Es como un bebé que yo hice, que crié y  que creció hacia algo que no entiendo, un monstruo, otro ser, y eso me hace sentir muy orgulloso. Ha sido una locura. Perdimos a Jeremy (Michael Ward), quebramos financieramente dos o tres veces, tuvimos accidentes automovilísticos, perdimos a otros amigos… Hemos hecho discos difíciles, en épocas difíciles, también hemos tenido, momentos de celebración, en los que cada tocada fue increíble, cada noche era perfecta En otras épocas había cinco noches malas y una buena. Lo que nunca he entendido es cómo hemos terminado siendo populares. Cuando dejé At The Drive-in creía lo que me habían dicho todos,  que no iba a ser exitoso y no me importaba, solo me importaba, y me sigue importando, el proceso, ser feliz en el proceso. Creía que The Mars Volta íbamos a ser un grupo pequeño, que íbamos a girar para doscientas personas, y para mí todo eso estaba bien. Cuando empezaron a crecer las audiencia, de doscientas personas a no se cuántas más, no lo comprendía, y menos cuando hice el primer disco, todo se hizo más grande, y de repente los Peppers nos contactaron….Nunca he entendido nada de lo que ha pasado con el grupo, pero tal vez no lo tengo que entender, no estoy en el lugar adecuado para entenderlo, sino para vivirlo. Esa es la maravilla y el horror de la vida, nunca esperas un amor o una muerte, nunca sabes por qué te enamores o por qué un amigo se muere…pero así es la vida. Así ha sido toda la onda que es The Mars Volta”.

Es curioso que un grupo tan raro como vosotros tengáis tanto éxito. Dado el carácter surrealista y extraño de vuestras letras, que dan juego a muchas interpretaciones y pueden recordar al realismo mágico, debéis tener fans muy extremos que analicen todo al detalle, como les sucede a Tool.

“Sí, hemos tenido muchos fans loquitos. Algunos súper buena onda, y otros más extraños. Recuerdo estar en un piso en Suecia, y oír a un fan decir que quiere hablar con Cedric sobre las letras, que sino se va a matar. Qué sé yo…cosas muy locas. Por un lado se me hace muy importante, y  bueno, que las letras no sean directas. Tú me rompiste el corazón y yo estoy triste, por favor regresa. (Risas)  No es que no me gusten ese tipo de letras, me encantan, a mí me encantan los discos de Héctor Lavoe y de Billie Holiday, pero ya han sido cuarenta años de ese tipo de letras, ya existen muchos grupos donde puedes encontrar eso, y por eso me gusta la forma de escribir de Cedric. Cada persona puede tener su propia experiencia personal, que puede ser totalmente diferente a mi visión o la de Cedric. Yo nunca, en mi vida, le he preguntado qué significa una letra, nunca, porque para mí ya significa algo. Escribe tan lindo, tan bueno, que lo leo y tengo una conexión inmediata, y sé lo que quiere decir, para mí, conociéndome a mí mismo, en mi experiencia como ser humano. Y Cedric él mismo te dice, si hablas con él, que la mayoría de las veces, no sabe de qué carajo habla. Le gusta el proceso del instinto, el proceso que usaba William Burroughs, que solo te sientas y dejas que sea un lugar donde salen todos tus deseos, todo lo que quieres de la vida, todo lo que ha fallado, escribes y no tienes algo que te entorpezca, un filtro. Años después puede decir, ‘ah bueno, esto significaba, estaba encabronado por esto, y por eso escribí lo que escribí’. Eso es algo muy importante, estás metiéndote en el subconsciente, como el maestro de tu país, Luís Buñuel, que hacía muchas obras que venían de un lugar que no puedes controlar, porque es más fuerte e inteligente que la mente consciente. La mente está en otras cosas más básicas, como la comida. Hay que comer, cielo o tierra… (Risas). El subconsciente es más sabio, y es importante ese ejercicio, tener acceso a esa parte de cerebro. Eso es por lo que la gente hace en terapia. No tienes por qué ser músico para realizar ese tipo de cosas. Me encanta ese aspecto de las letras, y sí hay muchos fans, que dicen, esto trata sobre tal tema, y Cedric les comenta, si para ti es así, eso es, y otras veces Cedric les puede soltar claro que no, eso no es, o nunca lo pensé de esa manera, y es cierto, es lo que significa. Los fans mismos, u otra persona, con otra perspectiva, puede ser la clave para entenderse a uno mismo, y se me hace una cosa preciosa”.

Para terminar, sé que haces películas, y me gustaría saber un poco sobre tu manera de enfocar el cine.

“De la misma forma que me acerco a la música, me acerco al cine. Lo hago por mí mismo, porque amo el proceso. Es una forma de terapia, y de convivir con otras personas, porque como te dije, salgo poco. Es mi forma de convivir y entender al resto de ser humanos que me rodean. Es como The Mars Volta, lo creé yo mismo, lo he financiado yo mismo, y lo disfruto muchísimo. Ahora, cuando la gente me pregunta cuándo voy a editar la película, no tengo ni idea, no tengo ni idea porque no estoy haciéndolo pensando en un resulto, lo estoy haciendo por el proceso en sí mismo. Últimamente sí que se me antoja sacar algo, pero no lo hago solo para sacarlo y decir que hago películas. Mi primera película fue ‘A Manual Dexteri’, que hice en Holanda y en Long Beach con Jeremy. La segunda ‘Letter from Dystopia’, que también se hizo en Holanda, en Ámsterdam;  la tercera en El Paso-Juárez, la cuarta, ‘El divino influjo de los secretos’, que fue en Juárez México y Hamburgo, Alemania, y la quinta es una que estaba haciendo ahorita, es una rara que la hice entre Los Ángeles, Guadalajara, y todo Europa y Rusia. También tiene música en vivo, fue un experimento. Qué te puedo decir, es la misma forma de escribir música, estoy dejando que el subconsciente trabaje, no escribo sobre temas que conozco, sino de cosas que llevo por dentro y que quiero arreglarlas. Todos los personajes, y toda la narración, son parte de mí. Lo hacemos con poco dinero, en un mes de rodaje, y de inversión. Tengo un club de gente muy bueno, que saben que no va a haber dinero, pero les gusta hacer este cine, porque hacen otro tipo de películas, con más restricciones, con el productor pendiente de cómo va a ser, y esas cosas…y les gusta estar en mi set porque no es así, es la inspiración total. Es muy familiar, cuando hago una película siempre rento una casa, y todos nos quedamos en esa cara, y ese mes estamos soñando, cagando y comiendo ese proyecto, conviviendo juntos. Ese es el estilo de esos proyectos”.

Entrevista publicada en P1 (Portada TMV), julio 2009.

comentarios
  1. Gorka dice:

    muy buena entrevista… me ha encantado la parte de At The Drive-In y de las letras de Cedric, con todo el tema del subconsciente y la escritura automática… una grande…

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