PRÓLOGOS DE UNA BIBLIOTECA INEXISTENTE

Publicado: febrero 20, 2012 en Series, Televisión

INÉDITA INTRODUCCIÓN A UN LIBRO NO ESCRITO

Entretenimiento. Hasta hace no demasiado tiempo, la ficción televisiva, en contraposición al cine -entendido éste como una de las bellas artes- se ha considerado algo superfluo, vacío, tan fácil de ver como de olvidar. Un placebo para consumo doméstico. En el mejor de los casos, nostalgia autocomplaciente, siempre lista para reformularse por los grandes estudios y venderse en forma de película. Con sus excepciones e incluso trampas. Recordemos que el propio Alfred Hitchcock no consideraba su corpus cinematográfico arte en el mayor sentido de la palabra, así que se supone que tendría en menor consideración su labor catódica. El caso del director británico, como el de Rod Serling y Twilight Zone, Rumbo a lo desconocido, Perdidos en el espacio o algunas series dela BBCsobre personajes históricos, eran excepcionales engranajes que no sólo mataban el tiempo hasta la cena, sino que educaban, a su manera, a la gran masa. Píldoras de sabiduría entre ruido blanco.

 Los tiempos han cambiado. Hasta la manera de consumir productos audiovisuales difiere ostentosamente de antaño.

El ocho de abril de 1990 se estrenaba en la ABCuna serie que marcaría una ruptura. Ruptura mayor en cuanto a que la década precedente, los ochenta, había sido lastrada por un sentido de la estética dudoso, y unos guiones que oscilaban entre el ejercicio de acción más hipertrofiado y absurdo y las intrigas palaciegas basada en la clase alta propia de los años de Reagan. Equipo A, Falcon Crest, Dinastía, Miami Vice, actualmente objetos kitsch adorados por mitómanos y amantes de la cultura pop trash, eran el ritual de lo habitual. Twin Peaks acabó parcialmente, con esa clase de hacer ficción en televisión, y reformularía el código de serie, anticipando el actual estado televisivo. No sería el terminante estoque, aún habría tiempo y mercado para entes como Beverly Hills 90210, su hermana “macarra” Melrose Place, e incluso, en el nuevo milenio, la superficialidad capitalista de Sexo en Nueva York. Pero era un gran primer paso, daba una intriga diferente, inyectando cianuro en el caramelo de un tiempo casi indeterminado, cercano a esos años cincuenta tan queridos por David Lynch, creador junto a Mark Frost de la oscura leyenda de Laura Palmer.

 A finales de la década, surgiría otro punto de inflexión, a través de HBO y los Soprano. Sería el verdadero año cero en cuanto a la difusión de series diferentes, arriesgadas, más maduras, que hacen gala de un humor no apto para todos los públicos, y ponen en jaque a Hollywood. Por primera vez, a niveles artísticos, la televisión supera al cine.

HBO es un canal por cable, no depende de la publicidad, y puede permitirse facturar series que en la televisión pública serían rechazadas por su alto contenido violento y pornográfico, rasgos que alejarían a los anunciantes.

Si entendemos la televisión desde una perspectiva meramente comercial, de producto, con el barómetro de la audiencia y los anuncios, la historia de las series se enmarca bajo una perspectiva muy diferente a la que subyace en este libro. Dinastía, o el Equipo A, fueron productos exitosos, que perduraron varios años en antena, con constantes reposiciones que han mantenido el recuerdo en el subconsciente colectivo, saltando de una generación a otra.

Parte de nuestro paisaje vital. La televisión, durante bastante tiempo, ha marcado nuestros horarios. Productos de desfogue, sin engaño posible a nadie, entretenidos para el crío o el adulto.

En ese sentido, deberíamos considerar a Twin Peaks como una excentricidad en la historia de la televisión, pero las cosas no son tan sencillas. Actualmente, en la época de redes P2P, con intercambio continuo de información, muchas series que apenas permanecieron en lo más alto del share, viven una segunda oportunidad, y de manera subterránea y sin aparentes beneficios directos a sus creadores y las cadenas que en su momento las programaron, consiguen una audiencia y culto tan inabarcables como imposibles de eludir. No es casual que se haya vuelto a reeditar Twin Peaks, con mayor calidad de imagen, numerosos extras y cuidada presentación, descatalogando la primera versión comercial en DVD. Y de la misma manera podríamos enumerar otras series con marchamo de malditas, canceladas con antelación, como Deadwood o Roma, y que esa isla de posibilidades casi infinitas llamada Internet, trampeada hasta la saciedad, ha resucitado. Internet ha transformado al ordenador, lo ha convertido, entre otras cosas, en la televisión total, globalizando todo tipo de contenidos y dejando vía libre para adquirir oscuras piezas que anteriormente estaban en manos de unos pocos, o en tiendas especializadas. La democratización audiovisual, sin horarios prefijados ni restricciones, ya sea descargándote la serie por Emule o cualquiera de los servidores existentes, viéndola on line, en versión original con múltiples subtítulos a elegir, o doblada a tu idioma.

Inerme ante la encrucijada de Internet, la producción televisiva ha decido unirse a la red de redes, utilizándola como plataforma para sus series. Las páginas webs de series son un completo puzle para desentrañar enigmas, acceder a contenidos exclusivos o discutir, en los foros de las mismas, los cambios de tramas, finales o qué personajes son los más relevantes. El paradigma de los nuevos tiempos lo ha encarnado Lost. La publicación del epílogo de Lost por Internet ha convulsionado la red. De hecho, la propia ABC, cadena que produce Lost o Mujeres desesperadas o Anatomía de Grey, tres de las series de más éxito en la última década, desde hace años cuelga en su propia Web, al día siguiente de su emisión en televisión, los capítulos de sus series, en un intento para frenar la piratería y seguir ganando dinero por medio de la publicidad.

Y es que las series y la hiperrealidad fracturada de Internet han sido las dos mayores influencias para el mundo del cine. El lenguaje audiovisual avanza a pasos de gigante, y el cine, casi imposibilitado de marcar nuevas pautas por sí mismo, tiene que recoger el testigo de la televisión y los vídeos domésticos. La televisión no sólo nutre y rehabilita nuevos lenguajes dentro del cine, sino que afecta directamente a nuestro imaginario occidental, a través de conversaciones, ampliación del lenguaje gracias a los neologismos de las series, o nuevas conceptualizaciones visuales. Identificamos un código diferente, lo adaptamos a nuestra propia genética visual, rastreando referencias inéditas.  

Este libro no pretende ser un exhaustivo contenedor de series, ni un estudio sociológico revelador del por qué, y cómo, afectan a nuestras vidas, o su facturación. Para eso harían falta unos cuantos años de perspectiva, de reposo, de conciencia de lo visto. Contraviniendo esa lógica, zambulléndonos en este momento posmoderno que vivimos, excluyendo el término completista, lo que tienes en tus manos se quiere guía interactiva por las diferentes series con trama que han marcado la última década, y unas pocas excepciones de los noventa, para entender el género –ya casi podemos hablar de la ficción televisiva como tal- , repasar claves y rastrear huellas. Bajo uno de los métodos del tan antiguo ya nuevo periodismo, cada capítulo contendrá inicialmente un texto que combine datos y opinión, para en su segunda parte incluir una entrevista a personajes relacionados con la serie de forma más o menos directa. Desde productores, pasando por actores, o artistas y escritores fascinados por el fenómeno, que no se han involucrado en el proceso creativo en sí mismo, pero lo han aprehendido y, de una u otra manera, arrastrado a su propio trabajo.  

¿2010?

comentarios
  1. Roberto Dïa dice:

    Otra serie que supuso un cambio y con bastantes puntos en comun con “Twin Peaks” (situaciones surrealistas,personajes extravagantes,protagonismo de la naturaleza y desarollo en un pequeño pueblo) fue “Doctor en Alaska” estrenada poco despues.
    Ahora te toca seguir con el indice del libro😉

  2. ignacioreyo dice:

    Cierto Roberto, habría que citarla, sí.
    Desgraciadamente, no creo que el libro continue, pero gracias de todas maneras.

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