ALEJANDRO JODOROWSKY ENTREVISTA PARTE II

Publicado: marzo 6, 2012 en Alejandro Jodorowsky, Cómics., cine

Con “El Topo” te consagraste, firmaste una película de culto. Entraste por la puerta grande de la contracultura hippie.

“Para triunfar el artista necesita talento, trabajo y suerte. Talento creo que tenía, y trabajo sí hice. Tuve suerte de que gustara, sobre todo a John Lennon y Yoko Ono. Esa fue la suerte, porque ellos presentaron la película a ese público, que era inmenso. Esa generación adoptó la película”.

Además, era un mundo diferente al tuyo.

“Para mí, no existía ese mundo, era juvenil e infantil. Cuando hice ‘El Topo’ ya tenía treinta y ocho años. No estaba yo en el Rock y esas cosas, aunque había tenido algún antecedente, y eso me cayó encima”.

Hasta hace poco, tus películas no estaban comercializadas por culpa de Allen Klein, que fue manager de The Beatles y tenía el derecho sobre ellas. ¿Por qué?

“Porque cuando yo estaba en pleno éxito en Estados unidos, él quiso que yo dirigiera una película erótica, ‘Historia de O’, y yo no quise. Le sentó mal y quiso que nadie más viera mis películas, las guardó durante treinta años. Esto hasta que yo propuse que nos viéramos. Nos vimos, caímos en los brazos el uno del otro y todo se arregló en un minuto”.

La época del triunfo de “El Topo”,  fue tu época más excesiva. ¿Qué recuerdas? Si es que recuerdas algo…

“Fueron dos años de fumar marihuana. Nadie podía hacer en ese mundo algo sino se echaba un porro encima. Cuando iba a una fiesta, yo ponía la nariz en el menor agujerito que hubiera, en la pared, o en las cerraduras de las puertas, para que me entrara aire, porque te fumabas el humo que los otros echaban encima de ti. Como dicen los mexicanos, estaba horneado, el humo de los otros me horneaba. (Risas) Fumaban unos cigarros enormes oye, todo el mundo.  En las proyecciones de ‘El Topo’ había una nuble blanca en la sala. Y cuando tenía que hablar con ese tipo de público, me ponían porros en las manos, ves tú. Lo de los hippies lo asocio con el descubrimiento de los americanos de la marihuana. Si tú no fumabas, no entrabas en ese mundo, no pertenecías a él. Recuerdo que los Hell Angels, el grupo, me vinieron a buscar para un concierto suyo. Había una multitud de personas, de altoparlantes, inmenso… me dieron solo una chupada de un cigarrillo,  una sola, y entré en otro mundo, porque era para elefantes eso. Asistí a ese concierto en las nubes, como un elefante rosado en las nubes. (Risas)  Claro que yo había tenido relaciones antes con el Rock, porque en mis happenings en París, mucho antes de “El Topo”,  usé la orquesta musical de un rockero francés mítico, Gene Vincent, mítico. Ya me atraía ese mundo. De hecho, rompí con el surrealismo por Elvis Presley. Una vez fui al cine en un boulevard, estaban echando una película de Elvis Presley, vestido como un ídolo, y me impactó tanto, me gustó tanto, que le hablaba a todo el que me encontraba de Elvis. Se lo comenté a André Breton, y dijo que aquello era del populacho, lo denigró. Entonces yo rompí con el surrealismo, y me formé el movimiento pánico con Arrabal y Topor”

Te involucraste de lleno en la movida hippie y las drogas.

Bueno, no entré, me horneaban, me tragaba el humo de la gente. Me encontraba con una muchacha, me invitaba a su cuarto, y se llenaba del humo…Eran hippies. Tuve una amante que se llamaba Susana Manzana. (Risas) Otra Hippie, que aparece en ‘La montaña sagrada’, que sale masturbando una máquina que crece, era una hippie real, auténtica. Y en ‘El Topo’, la muchacha que hace que el topo mate los maestros, me la encontré ahí vestida en la zona rosa de la ciudad de México. Había hecho quinientos viajes de LSD, esa. Nunca supe ni cómo se llamaba. (Risas) Filmó y desapareció, nunca más la volví a ver”.

Un pequeño milagro

“Sí, un milagro”. (Risas)

¿Estás a favor de las drogas psicodélicas como parte del conocimiento?

“Yo creo que he llegado en perfectas condiciones a los ochenta años porque no me drogué jamás en exceso, y eliminé el alcohol y el tabaco, incluso el café. Es muy simple, si tú quieres vivir tu vida despierta, y no desmoronarte, has de aceptar eso, tienes que cuidar tu cuerpo. Yo siempre vi que me quedaba mucho por hacer, y que tenía que vivir lo máximo que pudiera, sin permitir destruirme, así que me quité cosas y vivo una vida sana. Las drogas psicodélicas son necesarias en un momento dado. Es una experiencia para romper los límites de lo racional y entrar en el mundo del inconsciente, y saber cuáles son tus potenciales. Claro que, tú estás en el primer piso,  tomas un psicodélico y te encuentras en la azotea, viendo la ciudad entera…pero cuando te despiertas sigues en el primer piso. Debes aprender a trepar los pisos tú solito, desarrollando tu conciencia sin enviciarte. Todas las plantas psicodélicas, los chamanes la utilizaron como vía iniciática, no como vicio o para fiestas”.

Es todo lo contrario que en Occidente, donde se toman de manera lúdica, o evasiva.

“Hay una inercia histórica. Existe como una cabala para que los seres humanos no desarrollen su consciencia y se infantilicen de más en más. Tú sabes que la única libertad solo se puede conseguir a través de una mutación de la consciencia.  Entonces, cuando una persona, abre su mente, la sociedad se pone a temblar. La sociedad está establecida sobre bases infantiles”.

Volviendo al cine, tras “El Topo” filmaste “La montaña sagrada”.

“Fue una aventura de seis meses, de loco, de persona que lleva su honradez artística hasta la locura. Yo quería dar el nivel al cine la calidad que tienen los evangelios, o los libros sagrados o de alquimia. No quería que fuera entretenimiento, quería que mi película fuera una experiencia tan fuerte como la que tenían los hippies con el LSD. Quería hacer la obertura de la mente, y romper con todos los sistemas habidos en el cine, la manera de escribir los argumentos, el montaje, la edición… romper con todo. Creo que no logré lo que yo quería, pero me acerqué bastante. Fue una empresa demasiado grande. Tomé gente común, no tomé artistas ni actores. Una puta era una puta, un millonario era un millonario y un nazi era un nazi, los pillé en la calle. Yo creía que filmando se iban a transformar en monjes, se iban a iluminar. Traté de iluminar a los actores, ves tú. Y los actores, la gente común, en vez de iluminarse, se convirtieron en actores egómanos, se peleaban por aparecer en la cámara, ser el centro de atención. Yo quería que la película me cambiara a mí, a los actores y al mundo. No lo logré, porque era demasiado, pero ahí aprendí una cosa, no se puede cambiar al mundo, pero se puede comenzar a cambiarlo. Esa película fue para mí un comienzo, que me llevó más tarde al tarot, a la psicomagia y todo lo que hice después. Cuando terminé, dije: esto es ficción, la realidad nos espera. Salgámonos del arte, este arte para entretener, y vamos a entrar en la utilidad artística para sanar, que el arte se convierta en un medio de sanación colectiva, y ahí me fui. Con el libro que he sacado ahora, tengo todo un capítulo dedicado a la psicomagia social, qué hacer para cambiar países tal vez. Si te propones lo logras. Yo siempre le pregunto a gente:

¿Cuál es actualmente tu finalidad en la vida”.

¿La mía?

“Sí, cuál es tu finalidad en la vida”.

Poder escribir y vivir de escribir, que es lo que más me gusta.

“Poder escribir y vivir de escribir. Lo que tú dices se traduce en un miedo, un miedo de no poder vivir de la escritura, de morir de hambre. En tu familia se teme al fracaso, y desprecia la escritura, entonces tú estás contra tu familia haciendo lo que haces, contra tu educación. Por eso estás con tu miedo infantil. Para salir de eso tienes que realizar tu finalidad e ir contra tu familia, contra la filosofía familiar, y saber que te puedes ganar la vida escribiendo, como yo. (Risas) Cuando no pude hacer ‘Dune’, mi película, me dije, fracasar es solo cambiar de camino, lo que no haré en el cine, lo haré en los cómics. Los cómics antes era un arte muy despreciado, pero lo hice. Todo lo que no pude hacer en el cine lo hice en los cómics, cambia de camino y sigue adelante”.

En los cómics, con quien mejor has conectado es con Moebius. ¿Cómo lo conociste?

“Yo iba con un automóvil viajando, iba a presentar algo en Francia. Empezaba a hacer ‘Dune’, y el automóvil se paró a tomar gasolina. Fui a tomar un café, donde venden cosas, libros también. Ahí vi un cómic de cowboys, de vaqueros, de Jean Giraud eran, y me dije, este tipo tiene talento, voy a averiguar quién es, este es el dibujante que necesito para que me dibuje el script de ‘Dune’. Busqué quien era, y vi que hacía tapas para libros de ciencia ficción, ilustraba las tapas de los libros. Me lo encontré por casualidad, por mi agente de publicidad, y le dije, te vienes conmigo a LA conmigo hoy, ¡No puedo! Entonces pasado mañana, ¡no voy!…y al final se vino conmigo a Los Ángeles, así es cómo lo conocí”.

Se ha hablado mucho de tu proyecto de “Dune”, y es una lástima que no pudiera llevarse a cabo.

“Todo el mundo que vi para ‘Dune, Orson Wells, Gloria Swanson, Dalí, Pink Floyd…tenían ya sus contratos,  pero Estados Unidos, cuando vio que se podía hacer ciencia ficción como grandes óperas del espacio, no nos cedieron sus cines. El productor pidió dos mil salas, y Estados Unidos se negó a darlas. No habiendo salas no se podía recuperar la inversión,  y es por eso que no se pudo hacer. Fue la misma época en que Estados Unidos negó el avión concordia, porque hacía competencia a los aviones americanos, saturaba el mercado. Y bueno, hice ‘El Incal’, no me quejo. Estados Unidos se basó en todos los dibujos de Moebius e hizo ‘La guerra de las estrellas’, ‘Alien’… junto con casi el mismo equipo que yo formé”.

“El Incal” es sin duda una obra maestra. Es un cómic que te transforma, no eres el mismo tras leerlo. ¿Cómo se te ocurrió la trama?

“Siempre cuento que parte de un sueño. Escribí ‘El Incal’ en sueños, y en un momento del sueño me convertí en las dos pirámides, hubo una explosión y me desperté. A partir de ahí escribí ‘El Incal’”.

Otro cómic muy interesante es “El dios celoso”, esta vez sin Moebius.

“Sí, era muy interesante. Nunca marchó bien porque el dibujante era como surrealista, y él quería crear solo personajes y objetos que no tuvieran que ver con esta realidad. El público no se pudo identificar con los personajes. Solo creé dos tomos, no pude seguir”.

Hay una crítica obvia en ese cómic a la organización de las religiones, pero dando a entender que Dios que está más allá de ellas, y es la salvación.

“En todos mis cómics establezco una sociedad interesante, como los Metabarones, ‘La casta de los Metabarones’. Yo no soy antimística, como te he dicho antes, pero sí que creo que las religiones son un peligro”.

Con tus próximas películas, si logras financiación, qué expectativas tienes.

“Simplemente el placer de crearlas con mis hijos, es un placer. En algún momento dado, cuando ya has dado salida a todo, te preguntas qué más hacer, y ahí surge el amor a la obra. Un artesano hace las cosas por amor. Ahora he estado trabajando en un libro de cómic, lo hago casi con diez dibujantes distintos, entre ellos Manara, gente formidable, y no solo es para ganarme la vida, lo hago por placer. Escribir poesía por ejemplo, que es algo industrial, un placer gigantesco. Yo soy artista también por el placer, por el arte, la búsqueda de la belleza. ¿Sabes qué estoy haciendo ahora? Dibujando. Estoy haciendo unos dibujos, estoy haciendo eso, me divierte, y descubrí algo nuevo. Como tengo una mujer que es pintora, Pascal, he descubierto un arte donde yo dibujo y ella colorea. (Risas) Somos el ying y el yang”.

¿Con qué directores conectas, o aprecias su obra?

“Ahora todos los buenos directores tienen que hacer concesiones, porque sino tienen estrellas, y sino tocan puntos que la televisión aceptan, no salen. Para mí un maravilloso cineasta es Guillermo del Toro. Está buscando, pero tiene que hacer concesiones, hablar de la guerra civil española, los franquistas son los malos, etcétera. Tuvo que hacer eso para poder hacer su película, pero él está buscando en lo poético”.

¿Y de directores antiguos?

“Fellini, Buñuel, Wenders, Herzog, Fassbinder… claro, hay muchos que son verdaderos artistas del cine”.

Siempre he pensado que hay mucho de mágico en el cine de David Lynch.

“Sí, es honesto, hace las cosas que desea hacer. A su manera sí, hay magia. Es un cineasta verdadero. Qué largas son tus entrevistas, nunca vas a poder escribir todo esto. Te gusta hacer entrevistas por gusto, porque con todo lo que te dije te da para llenar una entrevista entera”.

Se publica todo.

“¿Cómo se va a publicar todo? ¡Es muy largo! ¿Qué más quieres saber?”.

Cualquier cosa de tus nuevas películas, de qué tratarán.

“No te puedo decir nada porque son proyectos, y uno no habla de eso. De mil proyectos se realiza uno,  así que estoy en esa fase. De todas maneras, a fin de año voy a hacer una película, o es ‘Los hijos del topo’, o ‘Bouncer’, o el documental de psicomagia. Sino salen las películas, haré el documental de psicomagia”.

Para terminar, cuéntame tu último sueño.

“Celebrar mi cumpleaños. (Risas) Ayer a las doce de la noche, estaba solo con Pascal, tocaron el timbre, abrí y eran mis tres hijos, dos de ellos con su esposa. Yo que soy muy fuerte, me puse a llorar, me dio una vergüenza… (Risas)  Me emocionó tanto que Adanowsky me dijo, ‘en toda mi vida es la primera vez que te veo llorar’. Me dio tanto gusto verlos…”.

Publicada en mayo de 2009, en P1.

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