KEITH AND MICK

Publicado: mayo 3, 2012 en Blog

En las tiendas Amoeba, tienen la sana costumbre de grabar en vídeo a músicos o cineastas explicando qué llevan en su bolsa de compras. Es decir, a través de ese ejercicio dual promocionan al artista en cuestión y publicitan los gustos del mismo, para que sus seguidores puedan adquirirlos. Dependiendo del personaje elegido, sus gustos serán más o menos interesantes. Hay casos curiosos. Cualquiera diría que Kembra Pfhaler elegiría punk rock o shock rock, en cambio se decanta por piezas de jazz y de música étnica. En realidad no es tan curioso. Muchos músicos al otro lado del charco son menos obvios de lo que creemos. ¿Por qué creemos eso aquí? Porque las estrellas del rock español no hablan más allá de cuatro referencias fundamentales. Y cuando salen de esas referencias, suceden cosas como la mirada del tigre o las citas a Andy Warhol. Existen excepciones, claro. Iba a mencionar a Calamaro, pero Calamaro no cuenta. Es argentino, y la quinta de Calamaro en Argentina no puede compararse a la de aquí. Otra cuestión es que esas limitaciones, mezcladas con lo inherente a este país, hayan dado grupos cuya singularidad les conceda mayor valía artística que (casi) todas esas bandas que se creen reencarnaciones patrias del Missisipi cuando sus abuelos nacieron en Soria u Hospitalet de Llobregat. Entre las excepciones españolas, está Enrique Bunbury. Puede que en revistas masivas sólo le pregunten por chorradas, pero no hay duda que sabe de qué habla. Se nota su melomanía, y no era difícil verlo, cuando vivía en España, en conciertos minoritarios como Woven Hand, u otros más masivos, caso de The Who, Social Distortion o Bauhaus.

Uno de los últimos capítulos de este juego de Amoeba, lo protagoniza Bunbury. Habla de Joe Henry, de los Lobos, de los Midniters, de la serie Perdidos, de Ry Cooder y, sí, de algo muy típico pero a la vez muy trascendental: la falta de cariño hacia Mick Jagger en contraposición al amor incondicional que los fans de los Stones profesan a Keith Richards. Bunbury comenta que el precio del documental sobre Jagger (Being Mick), 4’99 dólares, dice algo. Y luego explica el qué, lo que ya se ha dicho. Y es cierto, la gente tiende a identificarse más con Keith, el forajido, que con Mick, el calculador. Si los Rolling Stones continúan siendo una maquinaria de billetes es, en gran parte, gracias a Mick. Fue él quien ideó un futuro para el grupo en el 75, añadiendo pirotecnia, alicientes extramusicales en los conciertos. Y no vamos a negar que una persona que paga setenta euros en estos últimos años por ver un concierto, desee algo más que ver a unos tipos interpretando música en escena, desee fuegos artificiales, pantallas gigantes, ese tipo de ornamentación. Tampoco seré yo el que vaya de auténtico diciendo que preferiría que lo hubieran dejado tras Some Girls. He disfrutado conciertos suyos. Pero siempre me ha sobrado toda la parafernalia. Para mí,  tienen suficiente carisma como para contentar al respetable. Me desvié …volvamos al hilo del asunto. La verdad, o al menos la verdad que yo creo intuir, es que ni Mick es tan deshonesto, ni Keith tan real. Mick, el tipo calculador, que especula, que, exceptuando  en asuntos de entrepierna y una discografía en solitario que jamás terminó de cuajar (y eso que Wandering Spirit es un buen álbum), no suele fallar. Mick es producto de una familia de clase media acomodada, controla cada aspecto, lo analiza minuciosamente antes de dar su visto bueno. Keith, por el contrario, es el caos y el descontrol, un caos y un descontrol posibles gracias a una fortuna que le ha permitido esquivar ciertos problemas con la ley. Todo se termina desvirtuando o tergiversando, y resulta igual de extraño ver cantar a Mick Street Fighting man dado su status, como que Keith siga haciéndose pasar por ese alma libre, ese corsario que sólo necesita de sus pañuelos, sus alhajas, cualquier bebida espiritosa y una guitarra. Ese mito marcó profundamente a otros músicos con talento como Johnny Thunders, pero sin el dinero suficiente para rehabilitarse. Ese mito está eximido de cualquier culpa por el uso que cada cuál haga de él. Mick y en Keith, al igual que en John y en Paul (el tipo rebelde vs el tipo amable) son traslaciones rockeras de algo muchísimo más ancestral, y de mayor entidad teórica. Mick y Keith, a su manera, son para el gran público Don Quijote y el escudero, o Platón y Aristóteles. En el final de la obra de Cervantes, los papeles se intercambian. En Keith y Mick, no creo que ni siquiera los papeles estén tan definidos como pensamos. Ni Keith es tan aventurero, ni Mick tan pragmático. Sino, Keith habría podido arruinarse varias veces como le pasó al bueno de Ron Wood, y Mick se estaría ahorrando la manutención de un brasileiro, amén de compartir la pasta con Jerry Hall.

Para terminar, os recomiendo un lúcido artículo que escribió Bukowski sobre un concierto de los Stones. No se fija demasiado en Keith, más bien en Mick. ¿Por qué será?

Posdata: Al final, lo que cuenta es la obra. La mitomanía es un error, la melomanía es lo que da sentido a todo. Sticky Fingers, Beggars Banquet o Exile on Main Street. ¿Quién es en realidad Mick Jagger o Keith Richards? No lo sé, sólo importan esos discos. Recordad La última tentación de Cristo. Recordad que no importa cómo fueron Jesús, Sócrates o Buda, sino sus “obras”. Viva la contradicción, larga vida a la revolución.

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