NUEVA YORK-2008

Publicado: noviembre 23, 2012 en Blog

Dos hombres y un destino. Poeticemos lo que prometía ser un vulgar viaje turístico de dos españoles a la capital del mundo, y cuya metamorfosis resultó fortuita. Cara o cruz. Llegamos al aeropuerto John Fitzgerald Kennedy con Barack Obama recién elegido presidente de los Estados Unidos de América el día anterior. El trámite de aduana se agiliza cuando pongo como excusa a nuestra estancia que voy a cubrir el concierto que darán AC/DC en la gran manzana la semana que viene. El funcionario de la aduana escucha rock, y tras intercambiar unas cuantas palabras-sí, ambos sonreímos pensando que por fin ‘Chinese Democracy’ se publicará-, nos deja pasar a mi compañero y a mí al país de las oportunidades sin más dilación

Cogemos un taxi que nos lleva hasta nuestro destino, el hotel Pennsylvania, justo en frente del Madison Square Garden. En el trayecto, la suerte del principiante. El taxista conversa sobre los más variados temas: Michael Jackson como personaje enigmático y los problemas de la fama, garitos legendarios de jazz- el tipo reconoce no ser aficionado al género-, e incluso los gobiernos de Cuba u otros países alineados con la izquierda, ese concepto. Un tipo respetuoso y culto que incluso nos enseña el skyline y no nos cobra más de lo que ya nos han avisado es la tarifa habitual.

Una vez instalados en la amplia habitación del hotel, bajamos a tomar el pulso a la ciudad, a sentir las arterias de Manhattan, el centro gravitatorio del mundo occidental y, por ende, turístico capitalista. En menos de diez minutos estamos en Times Square. Los policías sonríen, se hacen fotos con ciudadanos afroamericanos –no, no asistimos a un capítulo de  ‘The Wire’-, el anuncio del nuevo disco de AC/DC protagoniza las marquesinas del Hard Rock café y la Virgin mega store. Detrás nuestro, un inquietante tipo farfulla Dios sabe qué a lo Travis Bickle… Imposible escapar de los clichés del pop en Nueva York. Te inundan, te arrastran en un deslumbrante, reverberante ocaso mitómano. Caemos en la trampa. O mejor dicho, caigo en la trampa. Termino realizando algunas compras innecesarias en la Virgin, y finalizamos la noche, esto ya en plural, bebiendo cerveza en el globalizado Hard Rock Café, con los televisores emitiendo, sin sonido, vídeos de Queen, Jimi Hendrix y demás pléyades rockeras.

Los siguientes días transcurren entre la habitual guía cultural y el deambular sin sentido. Acotemos los términos, especifiquemos los hitos del viaje.

Instrucciones: La cronología no existe, el uno es uno porque sí, no porque estuvo antes que el dos.

1 El infructuoso encuentro de un libro de Richard Hell.

Me gusta la música de Richard Hell, pero me gusta incluso más Richard Hell como personaje. Sus declaraciones en Por Favor Mátame, ¿quién no puede rendirse ante esas declaraciones? Mi simpatía se corroboró entrevistándolo telefónicamente, en la primera pregunta.

¿Cuándo te iniciaste en la escritura?
“Pues empecé a escribir cuando me enseñaron el abecedario”. (Risas)

Genial. Luego, el mismo tipo que me juró y perjuró vía mail que no quería charlar de su legado musical en los setenta, habló durante más de diez minutos en una especie de monólogo interior sobre sus recuerdos musicales,  su paso por Television, los Heatbreakers y Richard Hell and the Voidoids. Quizá el que habláramos previamente de poetas simbolistas franceses abrió la veda (“¿de verdad les interesa a los lectores de tu revista estos asuntos”). Fue imposible quedar con Hell, porque la única tarde libre disponible en su agenda coincidía con la fecha del concierto de AC/DC, pero al menos, quise comprar alguna de sus novelas en su idioma original. Misión imposible. Me traje libros de todo tipo, incluso encargos de amigos, todo menos una novela de Richard Hell. Años después, algunos de sus textos se han traducido al español.

2. Central Park y sus museos.

En el primer desplazamiento a Central Park coges el metro, después, terminas andando. No llega a una hora la caminata de regreso. Pasamos muchas tardes en Central Park, fumando, sentados en rocas, contemplando la lluvia. Tópicos. Y estuvimos en todos los museos habidos y por haber de los alrededores. Para exasperación de mi acompañante, sufrió mi síndrome de Stendhal en algunas salas. Como en el Guggenheim. Error de cálculo por su parte. Menos las dedicadas a, si mi maltrecha memoria lo recuerda bien, Kandinsky y algunos pintores rusos, y otra a los impresionistas, el resto eran exposiciones itinerantes bastante vacías. Si lo que deseáis leer a continuación es una descripción de cada museo, compraros una guía País Aguilar de Nueva York. Apunte: le dije al tipo de la tienda Apple más grande de Nueva York si ahí no tenían ordenadores normales, un PC, vaya. No sabía si se lo decía de broma o en serio. Yo tampoco.

3. El día de los veteranos.

Este día sí tiene una fecha marcada. Bendita Wikipedia (versión anglosajona), enciclopedia didáctica e interactiva que permite rellenar los vacíos de tu mente. El once de noviembre. En una paralela a la calle que lleva desde el MSQ a Times Square, montaron un desfile de estos grandilocuentes y patrióticos. Sólo falló algo: el público. No había policías impidiendo que histéricas masas honraran físicamente a sus héroes de guerra con lametones, abrazos, lo que sea. No. Solo hubo cuatro gringos y algunos turistas como nosotros que nos tragamos lo que duró el evento. Y es que menudo evento amigos. Cheerleaders, hot roads, el coche de Batman (¿?) y…sí, veteranos. De la segunda guerra mundial, sentados en un autobús, hasta, escalofriante imagen, críos con fotos enmarcadas de sus hermanos mayores caídos en la reciente guerra de Irak.  Entre medias, algunos juguetes rotos de Vietnam con sus Harley y The Doors sonando a todo trapo – lo sé, suena de nuevo a mito pop, pero es que la ciudad en su centro neurálgico es así-, gente del Golfo, diferentes asociaciones dentro del gremio (el colectivo gay, el colectivo antibelicista, el colectivo…ninguno tenía una plantilla numerosa), peña de Corea y lo que da un misceláneo siglo veinte luchando contra todo quisqui en Pro de la libertad.

4. Brooklyn sin salida. Prólogo en Harlem.

A) Es domingo y hermanos, hay que celebrar por todo lo alto la victoria electora de Obama en Harlem. Sí, nos metemos en una Iglesia de estas que a los turistas nos ponen arriba, porque hay tolerancia, sí, pero no es un circo. Bueno, aparte del citado coro gospel, un tanto decepcionante, el orador de turno me recuerda a un nazi de color. Grita, realiza aspavientos y su locución tiene más de odio que de amor. Lo entiendo, son muchos años aguantando mierda. Nosotros no tenemos la culpa, somos latinos, ¡latinos del sur de Europa señor Reverendo! La misa dura cerca de tres horas. Realizo el amago de rezar entrelazando mis brazos alrededor de la cabeza…en realidad, me echo una gratificante siesta y me ahorro el sermón. Mi amigo, que cree que estoy en estado de éxtasis, sí se empapa de las tres horas de rigor. Mala suerte colega…

B) Por la tarde nos espera un viaje muy diferente. El primer concierto de Genesis P-Orridge con Psychic TV desde el triste fallecimiento, por cáncer, de su pareja. Llegamos hasta Brooklyn. El concierto será a las doce de la noche, hora extraña, en el club Europa. En la web del club no viene una parada de metro cercana, así que nos bajamos en la que intuimos más cerca y preguntamos a la pasma, que encontramos parada en un coche sin mucho que hacer. La situación es tal que así

-Hola, ¿podría preguntaros por una dirección?

Silencio sepulcral de los dos policías, uno de color y otro blanco.

-¿Puedo?

Gesto de asentimiento.

-¿Dónde está Meserole Avenue?

– Tenéis que seguir todo recto.

– ¿En cuanto tiempo más o menos llegaremos?

– Unos veinte minutos.

– Vale, gracias.

No hay respuesta. Continúan mirando al infinito.

El todo recto es un camino al lado de la autovía a ninguna parte. Pasan esos veinte minutos. Se lo comento a mi amigo. Responde que mis veinte minutos son muy cortos, y yo que los suyos son muy largos. Nos encontramos en una esquina, y preguntamos a unas señoras mayores de apariencia rusa y que apenas hablan inglés. Nos envían hacia la izquierda. Vamos hacia la izquierda. Bum. Recorremos calles llenas de silencio y judíos ortodoxos que nos lanzan miradas reprobatorias ante nuestra presencia (que me hiciera una herida en la mejilla al afeitarme no ayuda, lo reconozco. Parecer salidos de la peli Cruising, supongo que tampoco). Volvemos a preguntar, nadie nos sabe decir nada. Incluso un par de crías se alejan espantadas. Al final, un buen chaval, tras la gracia, cortesía de Bono de U2, del 1, 2, 3…CATORCE! nos dice que la policía nos ha indicado justamente el camino contrario, que nos encontramos en pleno barrio judío, y que ya que hemos girado por la izquierda, debemos seguir todo recto hacia atrás. Es la primera indicación realmente válida. Entramos en territorio conocido…y saludamos la bandera de Puerto Rico en un garaje como si fuera la embajada. Allí conocemos a un portorriqueño que nos habla en spanglish. Le preguntamos de nuevo por el puñetero club, y nos dice que su colega guatemalteco va hacia esa dirección y nos puede llevar. Voilá, de la nada aparece un guatemalteco con una aspiradora como arma en la mano. Nos confirma que sí, que tranquilos, nos lleva a la zona del concierto. Su amigo portorriqueño le dice, si mañana no te veo es que estos te han y realiza el gesto de rebanar un cuello, a lo que nuestro cicerone responde, ¡mejor, vacaciones de por vida! El cabronazo me ha ganado. No hay nada mejor que encontrar un poco de sentido del humor en este puto valle de lágrimas. Nos metemos en su ranchera, enorme. Yo estoy en el asiento de delante, mi amigo atrás, rodeado de trastos. Nos explica que ha ido a recoger la aspiradora para su familia, que solo tienen una en toda la familia, y luego irá a cenar con su chica. Habla de su chica como un quinceañero, y por apariencia física, los cuarenta ya no los cumple. Le realizo un pequeño tercer grado sobre Brooklyn…mejor dicho, lo intento, porque empieza una charla divulgativa sobre el barrio, sus diferentes zonas, los cambios sociológicos, etcétera. Reveladores datos. Los blanquitos de Manhattan están emigrando a Brooklyn porque las rentas han subido en Manhattan. Nos muestra una calle que separa la zona portorriqueña de la polaca, y nos dice que en los setenta y ochenta aquello era territorio comanche. Que los portorriqueños se dedicaban al negocio de la droga, y los polacos de las blanquitas. Que lleva desde los seis años sin pisar Guatemala. Nos describe un tiroteo en una iglesia de Guatemala; la estampa parece salida de un mal viaje de ácido de Barry Gifford o Tarantino como mínimo. Nos enseña una parada de taxis, nos da un mapa y nos dice que tenemos una parada de metro al lado del local. Nos deja en el local. Le damos una propina más que merecida. Nos ha salvado la tarde-noche. Si no es por él, aún andaríamos deambulando por Brooklyn. ¿Alguien quiere un bis? El concierto de Psychic TV da para más que un bis…. En otra entrada del blog, más info.

5. AC/DC en el MSG

En 1996 AC/DC arrasaron la plaza de toros de Madrid. Miembros de mi familia fueron al concierto que luego se publicaría en VHS y DVD bajo el título No Bulls. Yo, con trece años, me quedé en casa. Era una espina clavada, y me la saqué bien sacada. Habíamos conseguido por la discográfica de AC/DC un par de entradas gratis de un concierto cuyas localidades se agotaron en menos de lo que se lee un Haikou. Quid Pro Quo, la noche de vuelta tuve que escribir ocho folios destinados al artículo de portada de diciembre de Popular1. Estábamos en la pista, numerados, con nuestro metro cuadrado de libertad corporal. Pocos atisbos de locura se vivieron de intentar ir a las primeras filas, únicamente hacia el final del concierto y nada grave. Olimos los petas de algún motorista. No nos quisimos arriesgar. No lo niego, por un momento retrocedí a mis catorce años, al sentimiento nada racional que te inunda escuchando ROCK sin tener que analizarlo. Disfrute máximo, hedonismo controlado sin saber que estaba controlado. Y al lado, una chica de la agencia Efe a la que tuve que decir el set list casi entero…porque su novio, listo él, que también se sabía las canciones, se había hecho el longuis. Les contamos la anécdota de Brooklyn a la salida del concierto, y él, bastante enrollado, nos dijo que habíamos conocido un Nueva York más real que el que ven el noventa por ciento de los turistas. Concretamente describió el Nueva York turístico como Disneylandia acotada en Manhattan. Nos valió como diploma y certificado. Cinco meses después, en Madrid, en el Palacio de los Deportes, de nuevo acreditado, con los Bardem dos filas atrás en la zona VIP, disfruté menos la experiencia. Sentí un deja vu incómodo.

6. Lenny Bruce y Héroes del Silencio en Nueva York.

La última noche neoyorquina…suena muy peliculero. Lo es. Mi amigo se larga y me voy a la virgin mega store hasta que me echan. Es jueves noche, y a las dos de la mañana ya cierran, hartos de los compulsivos compradores nocturnos. Me llevo una caja de Lenny Bruce, y la caja de The Clash On Broadway. La caja de Lenny ahí está, con esos cds que intento escuchar y no entiendo ni la mitad de sus bromas, y cuando entiendo lo que dice, es de la última etapa, la de los juicios…que es jerga jurídica. Tras cerrar Virgin Mega Store (tres meses después cerraría de verdad de la buena, definitivamente) vuelvo tranquilamente andando, disfrutando de la noche, de la calma, del saxo y la voz de un viejo al otro lado de la acera. Disfruto sorteando charcos, del inédito orden sonoro que antes no habíamos vivido en la ciudad que supuestamente nunca duerme, llena de letanías, de ruidos. Tengo sed y decido gastarme unos dólares. El tipo que lleva la tienda de comestibles y bebidas es mexicano. Entablamos conversación, cómo no. Y escucho que en L.A. sin carro no eres nadie, que es mejor ser inmigrante en Nueva York. Tomo nota, visto lo visto en nuestro país. No sé por qué surge el nombre mágico. Héroes Del Silencio. El tipo enloquece. ¡Rock chingón del bueno grita! Cree que los he ido a ver al MSG. Lo rectifico, no, fui a ver a AC/DC. “Ah, eisy disi…”. Nunca subestimes el poder de los Héroes.

7. New York Times utópico.

Un link. Sí, lo tengo en casa.

http://legalgeekery.com/2008/11/13/12m-utopian-versions-of-ny-times-distributed-throughout-nyc

Epílogo: Hubo más historias, y para mi desgracia, no ligué con la azafata en el vuelo de vuelta, ¡sino que me dejó sin cenar! Sin querer, estiré el brazo y justo fue a dar a sus nalgas…fuertes, recias…sexies….Fue sin querer, ¡lo juro señoría! También fue sin querer que una preciosidad me invitara a todas las copas en el club Europa de Psychic TV y un broker griego me invitara a su habitación de lujo a coca y otros placeres sexuales, pero eso, ya lo dije, en otro post.

comentarios
  1. Durante 2 años consecutivos fui a NY, 2007 y 2008, para ser exactos, marzo y septiembre respectivamente. Los virgins de Union y Times Sq eran la vida, y encima abrían hasta muy tarde. Qué maravilla.

    No perdí demasiado tiempo en visitas a museos, la verdad, a mi me gustaba callejear. Con mi acompañante, nos perdíamos horas por polígonos en Brooklyn, paseábamos por el boardwalk de Coney Island (qué lugar tan decadente y encantador a la vez) y hacíamos fotos de graffitis, comíamos pizza en la calle, y nos hacíamos fotos en la parada de metro de Delancey St, imitando a Jesse Malin.

    El primer año teníamos entradas para The Wildhearts, que finalmente cancelaron por problemas de visados. aAl año siguiente vimos a The Cult, y fuimos a ver a una banda tributo de GN’R que tocaban en un barco. Ah! Sonará fatal, pero hice el tour de los Soprano por NJ..

    Me encanta NY porque cada uno tiene una experiencia y una forma muy personal de disfrutar la ciudad, que ofrece miles de actividades y entretenimientos.

    Qué recuerdos, Ignacio, I❤ NY

  2. Evil Elvis dice:

    Muy buena la entrada, se echan de menos cosas así en el Popu. Hay que tener valor para subirse al coche con un desconocido, yo desde luego no lo hubiera tenido, le dan por culo al concierto!

  3. ignacioreyo dice:

    Por fin en este páramo desértico que es mi blog alguien comenta, jajaja.

    Toi, sí, NY es una experiencia total. Seguramente Madrid también lo es para los guiris, pero como lo tenemos tan cerca, no nos damos cuenta. Me ha gustado tu recuerdo y envidio esos dos conceirtos, el de The Cult y el del tributo en un barco (por ver un concierto en un barco, eso debe ser la hostia!)- Y bueno, qué más da cómo suene el tour Soprano, si tú lo disfrutaste es lo que importa. Ya sabes que yo no soy muy de esas cosas, pero es solo mi forma de ver las cosas.

    Evil, me alegro que te haya gustado. ¿Alguna noticia de Ian y Billy? Cómo me jodió perderme el concierto con the mission y killing joke en el hammersmith tío, pero me dijeron que me daban invitaciones el jueves y el concierto era el domingo, miré los billetes de avión y no encontré ningún chollo…así que nada. En cuanto a lo del desconocido, no eres le primero que nos llama temerarios jajaja. Pues sí, perfectamente podíamos haber terminado como algún enemigo de Tony Soprano, en el río….

    • Evil Elvis dice:

      Pues he visto ese concierto en youtube, no es por ahondar en la herida, pero parece ser que la cosa estuvo bien, a Ian se le ve muy motivado. Killing Joke se cayeron del cartel. Yo los vi este verano en La Riviera y fue genial ver a Ian desde cerca, y muy comunicativo y simpatico el hombre.

      Saludos

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