JOHNNY CASH: MAN IN BLACK

Publicado: septiembre 12, 2013 en Música
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JOHNNY CASH

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THE MAN COMES AROUND, EL FINAL DE LA SAGA

A todos nos terminará alcanzando el juicio de Dios, antes o después. Da igual que corras, que mientas. Ese es el mensaje de ‘Run On’, un tema folk sin autor. Algunos llaman a Dios paz, otros muerte. También un escritor pop dijo que todos te quieren cuando estás muerto. En esa fronteriza barrera entre la redención y el mal, previa al estertor, se situó Johnny Cash en sus últimas grabaciones.

COMING HOME

Sólo con el material que grabó en su etapa con Sam Phillips (Sun Records), antes de que nacieran quienes lo rescataran del olvido en la década de los noventa, Cash ya había hecho historia. Desde esos inicios hasta los noventa, el Cashsuyo fue un viaje de contrastes, de dudas, estupefacientes y un intermitente éxito. Cristiano, rebelde, contestatario, diferente. El imaginario de Cash entrelazaba numerosos siglos, era la asunción de quien posee una mirada que lo ha visto todo y, por tanto, puede comprender mejor que nadie la herencia bíblica en Estados Unidos. Sin hipocresías, que no sin contradicción.

En la Biblia, como en Estados Unidos, no hay nada más representativo que la redención. El mayor acto de redención por la humanidad es la crucifixión de Cristo; en territorio gringo, las segundas oportunidades. Cash se regía en esos códigos.

A inicios de los noventa, Cash era un desheredado. Una vieja leyenda del country expulsada de la que fue su casa más longeva y en donde grabó sus mejores discos, Columbia, y que tras un breve paso en Mercury Records, registrando álbumes de escasa significación, no tenía contrato. Sus colaboraciones con una ignota banda de hard rock punk cristiana y con los U2 más heterodoxos (el apocalíptico y electrónico ‘The Wandererer’ en Zooropa) daban fe de que aún con todas las decepciones acumuladas, continuaba su propio camino.

RICK RUBIN

“Cuando perdimos a Roy (Orbison), me dije a mí mismo, ¿Quién es un gran artista y no consigue el reconocimiento que merece? Y el primero que me vino a la mente fue Johnny Cash. Sabía que estaba bastante perdido musicalmente, pero amaba esa voz. Estaba seguro que podíamos hacer algo grande juntos”. Sobre su primer contacto: “Me encontré a un hombre agotado, su silencio me incomodaba. Le ofrecí hacer un álbum junto, y no mostró entusiasmo alguno. Tuve la sensación de que pensaba seriamente en retirarse. Había grabado un centenar de discos, así que hacer otro no le parecía una gran oferta. Pero su presencia seguía siendo imponente y yo sabía que había un gran potencial ahí”. Con estas palabras, Rick Rubin explicaba el por qué y el cómo de la tercera y última gran etapa de Cash como artista, tras los iniciales titubeos de la leyenda. Rubricada la firma con el sello American Recordings, propiedad de Rubin -el productor que desde mediados de los ochenta aspiraba a rey midas de la industria discográfica, puesto que ostenta desde que grabó a mitos del calibre del protagonista de este artículo o Mick Jagger-, Cash volvió a lo más básico, a la raíz de la música country. Una guitarra, una voz. El otro aliciente, fue mezclar la historia estadounidense de las canciones tradicionales y algunas propias de su pasado, junto a versiones de artistas a priori ajenos al universo Cash, como Danzig. De ahí salió American Recording, un álbum austero, trascendente, tenebroso y esperanzador a la vez. Cash se redimía, y un nuevo público, el del rock alternativo, el mismo que en su casi totalidad no tenía una perspectiva histórica del rock anterior a las producciones de Rick Rubin a grupos de rap y metal, lo descubría, constatable en su actuación en Glastonbury. Ese Rubin-JC.2sentimiento lóbrego y oscuro, conectaba perfectamente con el zeitgeist grunge. Cash y Rubin decidieron que el proyecto debía crecer, marcar otras pautas desde el pivote que estableció su alianza. ‘Unchained’ era un álbum expansivo. A Cash lo rodeaba toda una pléyade de estrellas como banda de apoyo (Tom Petty and the Heartbreakers, Flea, etc.) y cantaba un mayor número de versiones. Entre medias, grabaría el último disco del supergrupo The Hyghwaymen producido por otro nombre significativo de los noventa, Don Was. Desgraciadamente, el síndrome de Shy-Drager hizo aparición en 1997.

 

HASTA QUE LA LUZ NOS ALCANCE

La resurrección de Cash cambió a raíz del síndrome diagnosticado. Solitary Man inauguraba el milenio con sabor a despedida, bañada de cierto halo de esperanza, pero despedida al fin y al cabo. Artísticamente impecable, los vestigios rojos del sol se iban difuminando en el horizonte. En el 2001 Cash queda postrado en una silla, pero su deseo de legar una última gran obra puede a los impedimentos físicos, que empezarían a llegar uno tras otro. La relación Cash Rubin se volvió más profunda. Ambos rezaban conjuntamente, la casa de Rubin se adecuó para que Cash pudiera grabar en las mejores condiciones, y se abrió la puerta a quien deseara tributar al hombre de negro –Strummer, Fiona Apple, etcétera-. Afrontemos la segunda venida de Jesucristo, el juicio definitivo: American IV: The Man Comes Around. El próximo diciembre IV cumplirá una década, el canto del cisne en vida del hombre de negro, un álbum cuyo halo de redención se extiende hasta estos días de oscuros presagios.

El trabajo comienza saludando la llegada de Jesús, con el tema que lo da título. En la toma inicial parece otra gran pieza country de carácter cristiano, en el disco su poder de evocación del fin de los días resulta aún mayor. Tanto al comienzo como al final, Cash recita versos del Libro de las Revelaciones, de San Juan Evangelista, donde se anuncia la llegada de los cuatro jinetes del Apocalipsis. Se sea creyente o no, en el caso particular del firmante, agnóstico, imaginar esa estampa estremece. En el irregular remake que Zack Snyder hizo de la película de George A. Romero El amanecer de los muertos, utilizaron el tema para los títulos de crédito iniciales. Aunque la canción ya se había usado antes en el cine (The Hunted), y se seguiría usando, el impacto de imágenes de revueltas, de la infección global zombie, crearon un efecto espejo viral en Internet. Cualquier algarabía, acto violento multitudinario, actual o del pasado, era el montaje visual perfecto para la canción. Desde la primera guerra mundial hasta las matanzas de Siria. ‘The Man Comes Around’ acogía todo mal y todo signo de cambio…

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HURT

El caso de Hurt difiere de todo lo que grabó Cash en estas sesiones con Rubin. El impacto global, el hecho en sí de afectar la sensibilidad de cualquiera que haya sufrido en la vida, y en especial quienes hemos caído, de una u otra forma, en la adicción: “La mejor canción sobre drogas que he escuchado. Podría haber sido un tema mío de los setenta”. Cash ya había cantado anteriormente versiones de grupos de los noventa como Soundgarden, pero con ‘Hurt’ consiguió lo mismo que conseguía Elvis en los cincuenta con las canciones que interpretaba. Cuando el Hillbilly Cat atrapaba una canción,  hacía olvidar en el noventa y nueve por ciento de las veces cualquier interpretación previa y posterior, del autor original, de otros artistas, o de quien le rindiera tributo en el futuro.

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‘Hurt’ cerraba en 1994, mismo año que Rubin y Cash sacaban su primera referencia conjunta, The Downward Spiral, el disco de consagración de Trent Reznor/NIN. Cash, con solo unos pocos arreglos de piano, melotrón, órgano, y una guitarra, creaba un auténtico réquiem, cambiando ligeramente la letra. El vídeo de Mark Romaneck, mostrando a Cash en su casa, con su esposa observándole cariñosamente, intercalando imágenes del pasado, hizo el resto para catapultar ‘Hurt’ a algo más que una canción. Por mucho que la hayan utilizado como reclamo de video juegos, ha trascendido todo.

“La versión de Johnny Cash, transmite más. Como diríamos tiene más quejido, más distorsión de experiencia vital, esa distorsión que adquieren los cantantes con un pasado muy extenso como Dylan o Cohen. Lega un momento en que solo se aplaude al superviviente, independientemente de las heridas que le queden”. Antonio Arias.

 

WE’LL MEET AGAIN SOME SUNNY DAY

‘Give My Love To Rose’ era una composición propia, grabada para el álbum Sings Hank Williams del 60 (con otra portada crepuscular), y que tocó en sus directos en cárceles. En esta revisitación, la letra de un moribundo hacia su amor sugiere el acantilado que es la vida. ‘Tear Stained Letter’ cierra el tríptico de originales de Cash en el trabajo, otro tema rescatado del tiempo y que a pesar del feliz piano del “quinto beatle” Billy Preston, enraíza en esa zona de ambigüedad entre la caída y la esperanza. El resto del álbum lo componen versiones, algunas ya revisadas por Cash en los álbumes de Columbia, recreándolas para el último disco de la saga, otras de nuevo cuño. Especialmente emocionante el ‘In My Life’ de Rubber Soul, la obra que cambió el pop en los sesenta, y un ‘Personal Jesus’ que Rubin pidió a Frusciante minimizar hasta su máxima expresión blues para Cash, posteriormente añadiendo una slide guitar del Heartbreaker Mike Campbell y el piano de Preston. Podríamos citar también el dúo con Cave en ‘I’m So Lonesome I Could Cry’ de otra estrella caída, Hank Williams, un ‘Danny Boy’ estremecedor, la languidez de ‘Desperado’, ese ‘I Hung My Head’ que dio inmortalidad a The Shield o  la dulce voz de Fiona Apple como respaldo en ‘Bridge over Troubled Water’. La dupla final, el tradicional ‘Street of Laredo’ y ‘We’ll Meet Again’ de la británica Vera Lynn, inspirada en un hasta luego improbable de los soldados enviados a luchar en la segunda guerra mundial, que arropa en el coro final The Whole Cash Gang, son el testamento definitivo.

 

DEATH IS NOT THE END

A pesar del carácter de adiós del disco, su gran éxito, y la muerte en septiembre 2003 de su alma gemela, June Carter, Cash continuaría grabando, tal y como declaró Rick Rubin: “Tres días después del funeral de June me llamó por teléfono, y me decía que quería terminar las canciones que teníamos pendientes. Yo le decía “No, John, quédate unos días en casa y descansa”, pero él insistía: “Dios mío, tienes que darme algo que hacer, o me volveré loco””.  Pocos meses después, Cash volvía al regazo de su amada, en aquel cielo que tanto anheló en vida. De las sesiones citadas por Rubin, se publicaría póstumamente la caja Unearthed, incluyendo el álbum gospel My Mother’s Hymn Book, y dos ediciones más de los American Recordings. Los homenajes al hombre de negro desde su fallecimiento han sido múltiples. Su identificación con los desheredados, el lado oscuro de la vida, y el intento por hallar la luz, luz que vislumbró en la cueva Nickajack, han hecho que su legado encuentre empatía hasta con los más insospechados movimientos musicales. Gangsta rap, punk, trip hop. Ya lo cantó su amigo Bob, la muerte no es el final. Sólo recuerda que la muerte no es el final… 

Publicado en RockZone, noviembre 2012.

JohnnyCash end

comentarios
  1. Varg dice:

    Fantástico el artículo este de Cash… Uno de mis artistas favoritos.

    Comienzas con timidez. Algo titubeante. Pero poco a poco te dejas absorber por lo que se agita en tu mente y pares un artículo mejor que perfecto: Imperfecto, pero auténtico.

    Te dejas llevar al escribir y eso se nota, y mola.

    Creas un aura… Personalidad.

    Es una lectura quizá densa para la gente poco acostumbrada a leer o afines a cierta música pero por mero postureo…

    … Que se jodan.

    A mi, me ha gustado mucho.

    Un abrazo.

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