TONY SOPRANO

Publicado: enero 13, 2014 en Series, Televisión
Etiquetas:

tonypatosCrear nuevos arquetipos en la pantalla que perduren, en esta era de celeridad y consumo vacío de datos, es una tarea específica bastante más compleja que en el siglo pasado. Antes estaba todo por descubrir, el eterno dorado que diseñaba a Baby Jane o Rick, a base de buenos guiones y apostando fuerte en dramas psicológicos, inteligentes comedias o  historias noir. Desde la intrusión en el cine de los setenta de una pléyade de directores descarados y diferentes, y su final rendición a los imperativos de la industria, Hollywood ha mantenido, por lo general, sus puertas cerradas a productos de calidad, reflexivos e imperecederos.

Lo que no se esperaba en la meca del cine, es que la pequeña pantalla, a través de los canales de pago, les ganara la partida. Esos canales no dependen de la publicidad, sino del dinero que generan quienes los contratan, y pueden permitirse licencias que una serie en abierto vetara al estar ligada a los anunciantes. De ahí en parte surge ese boom de series encabezada en HBO. En realidad, la ingente cantidad de series no ha sido de un nivel tan abrumador, pero una mínima selección pasará a la posteridad. En HBO, el puntal será Los Soprano. Una visión que compaginaba un drama propio de Shakespeare con la realidad de la mafia, sin los revestimientos o elegancia de antaño, unos revestimientos y elegancia que quizá jamás fueron así, aunque  el cine los reflejó de esa manera. A diferencia de las películas añejas de mafiosos, en la serie de David Chase, los mafiosos van en chándal, son carroñeros cutres y el glamour suele brillar por su ausencia. Obviamente, Los Soprano es más que eso. Sus tramas y subtramas son un mosaico del género humano, de la existencia en sí misma.

Volviendo al punto de partida, David Chase creó con la serie un arquetipo, un personaje de los que marcan, de los que consideras tu familia, nunca mejor escrito. Tony Soprano, un cabrón sentimental, contradictorio, lleno de recovecos y embrollos en su forma de encarar el día a día; en sus depresiones, en sus amantes, en la educación de sus hijos, en su negocio. Cuando el pasado diecinueve de junio el actor detrás de Tony, James Gandolfini, fallecía, en un cúmulo de casualidades irónicas, en Roma, muchos sentimos un vacío difícil de llenar. Siendo honestos y egoístas, lloramos a esa persona porque nos dio durante seis temporadas y media parte del mejor tiempo invertido en el exiguo viaje que termina en el estertor. Lo que nadie puede arrebatar a la memoria de Gandolfini es la eternidad. Uno de los posibles desenlaces que se planteó Orson Welles en su inacabada adaptación del Quijote, relataba el estallido de la bomba atómica y la supervivencia de Don Quijote y su escudero como lo único valedor del ser humano, la imaginación en su máxima excelencia, o esa palabra tan devaluada que es el arte. Y Gandolfini con Tony Soprano moldeó ese arquetipo soñado por David Chase, un arquetipo que nos sobrevivirá. ‘Don’t Stop Believing’.

Tony Soprano

Columna TV Eye, RockZone, septiembre 2013

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s