ARE ‘FRIENDS’ ELECTRIC?

Publicado: marzo 17, 2014 en Blog
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Llegas tarde a casa, ves la tele y justo antes de irte a dormir, tomas dos pastillas hechas a medida de melatonina, que sumadas al efecto del alcohol ingerido esa noche te precipitan a un sueño nada convencional, un sueño que más que reparar debilita, languideciendo tus facultades locomotrices. Despiertas en los estertores del día, quedan apenas dos horas de luz. Es otro domingo sin nada que hacer, otro domingo para ti y para mí.

B F

El domingo es el peor día de la semana según una disyuntiva establecida en la adolescencia. O no tienes pareja o tu existencia no tiene un horario establecido y necesitas el de los demás para funcionar. Bueno, quizá la segunda parte de esa disyuntiva no sea precisamente aplicable a la mayoría de la población occidental. Llamadlo ser “freelance”,  falta de sincronización con la rutina que establece unas cantidades viables de serotonina para funcionar, o simplemente no llamadlo nada.

Lees un poco, observas un teléfono que jamás grita cuando lo necesitas, miras por la ventana y compruebas que fuera del radar del centro de la ciudad, sólo el fútbol mueve a las personas a bajar a la calle. Decides conectarte a Internet, ese placebo, sustitutivo de amistad que predijo, en otras coordenadas, Gary Numan. La noticia te pega de lleno. Ha muerto el batería de un grupo de música que importa en tus estanterías cerebrales más que muchos sujetos con los que cruzas las retinas. Scott Asheton es el nombre del fallecido. El día no era prometedor , ni siquiera intentando llegar al final de un libro que todos te recomiendan y a ti te aburre y solo entusiasma  si el autor deja de reseñar discos –‘Fargo Rock City’- y joderla en categorizaciones.

Durante un instante, de forma automática pongo Scott Asheton en el buscador de amigos, esos amigos invisibles de facebook. El perfil continúa activo. No sé si era él quien lo manejaba o alguien contratado para realizar la tediosa labor de comunicar noticias del grupo. El de James Williamson lo maneja él mismo.  Abandono el perfil inquieto, desalentado, asqueado. Una persona real, que has tenido a unos metros aporreando la batería en un par de ocasiones, y ahora solo queda de su presencia ese avatar en la red de redes. Obviamente grabó discos, grandes discos, es el consuelo de la inmortalidad a través del arte. A los pocos segundos recuerdo otra persona con la que crucé un par de mails, un guitarrista bastante minoritario, Brigit Brat, de fascinante historia dada a conocer por mi mentor en el periodismo musical, Mickey Ribera. Brigit, altísima, habilidosa y albina guitar hero transexual, falleció hace unos años. Su perfil sigue operativo, continúan publicándose noticias como si ella misma siguiera entre nosotros, como si emulara un capítulo de ‘Black Mirror’. Seguramente lo actualiza un amigo de la difunta con la mejor de las intenciones, para que su rastro, dada la condición underground más underground del rock de Brigit, no se pierda como lágrimas en la lluvia. Quiero sentir ganas de llorar, pero esta mañana no siento, no soy Roy Batty.

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