BREAKING BAD Y QUEEN

Publicado: marzo 16, 2015 en Televisión
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CUIDADO, SPOILER

Nadie va a negar la calidad de ‘Breaking Bad’, ni la empatía que sentimos hacia el personaje de Walter White, esa especie de justicia que lo convierte en un sociópata tras cincuenta años aguantando decepciones. ¿Hay lugar para el alma? Está bien que el final de la  -innecesaria- quinta temporada termine con una canción de Badfinger, grupo de historia deprimente, que hace soñar a Walter con lo que le dio vida, la metanfetamina azul, el cristal que él hizo posible. Pero honestamente, la serie toma un giro argumental demasiado oscuro para lo que nos ha acostumbrado en sus cuatro previas temporadas. Siempre hubo mucha oscuridad, pero entre la oscuridad, remitían luminosas señales de humor, que hacían todo más plácido. Era un veneno casi siempre letal, en ocasiones paliativo con ciertos grados de salvación. ¿21 gramos pesa el alma? En las cuentas iniciales de la empresa que formó Walter junto a un par de compañeros, la socia femenina le pregunta por el alma. No hay lugar para el alma en Walter, y aún así, demuestra que hasta su sociopatía puede albergar ese minúsculo porcentaje del que no sabe de qué está compuesto el ser humano mientras lo discute con la rechazada enamorada socia.

Sé que bastantes estarán en desacuerdo conmigo, sé que sólo tendré a mi lado al buen Gorka Arnáiz. “Breaking Bad”, en mi opinión, debería haber terminado en el final de su cuarta temporada. Walter, aún sabiendo lo efímero de su tiempo, ha ganado, y así lo expresa. “I won”. La canción idónea, y no es porque sea un fan de Queen, podría haber sido perfectamente “Lilly Of The Valley”. En ese último capítulo, titulado igual que el tema firmado por Mercury, la canción extrapola cualquier temporalidad (fue editada en 1974, “Sheer Heart Attack”, disco favorito de Roger Taylor, Wayne Hussey, Danny Sage y demás músicos de renombre). La referencia shakesperiana (“Mi reino por un caballo”) es una alegoría perfecta de la egolatría que White finalmente desea, e incluso la sustancia hacia la que hace referencia, se usa en ese capítulo para los fines de Walter White en su ejercicio de manipulación del desdichado, cutre Jesse Pinkman. El narrador de la canción se pregunta por qué siempre los demás cuestionan sus subidas y bajadas, y sugiere que la planta nunca lo sabrá. Menciona su carrera de mentiras, de la guerra continua.

Obviamente jamás sabremos a qué quería referirse Mercury en la canción, dado que incluye en ella parte de una mitología propia que creó del rey de los siete mares de Rhye. Sólo que encaja como un guante de seda como punto y final para una serie que, sin llegar a estar a la altura de “The Wire” u otros grandes seriales, se acercó. Y si mi propuesta no os gusta, mejor llamad a Saul.

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