YAY

Publicado: septiembre 14, 2016 en Música, Uncategorized

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YAY

FUR

(Autoeditado en vinilo)

 

Si ya en el anterior álbum, el superlativo ‘We Never Know How The Day End’, este grupo estatal demostró que eran una banda con personalidad propia, su continuación demuestra que el límite es el cielo que asomaba en la portada de su ópera prima. Se mantienen ciertos patrones, pero también se nota que han evolucionado a nivel compositivo. Esa melancolía inherente a ellos se acentúa, creando temas intimistas y sobrecogedores, demostrando su versatilidad instrumental. También hay temas con guitarras que supuran rabia, suciedad. Se podría decir que son una banda de pop de guitarras, y la preciosa voz de su cantante, Hilda, pone la guinda al pastel. Si hubieran salido en los noventa, estaríamos hablando de un grupo de culto en la década de ‘Nevermind’ o ‘Tidal’.

Esto debería ser, aparte de la reseña correspondiente del último disco de YAY, una entrevista a su compositora Hilda Hund. Desgraciadamente, no estamos en Kansas y la vida tampoco es un sueño. El grupo, razones que servidor desconoce, explosionó. Dejo aquí la entrevista como modo de homenaje, y esperemos que de las cenizas salga un proyecto nuevo, sea en solitario o acompañada de Hilda, encantadora persona, a la altura de su pericia a la hora de crear canciones de cum laude.Fotografías de Ajo Fernández.

Es el segundo disco. ¿Sentisteis la presión de intentar superar el debut, o es un cliché más de los periodistas?

“Lo hicimos para nuestra propia satisfacción, no hubo más presión que hacerlo lo mejor posible. Teníamos muchas ganas de grabar estas canciones”.

¿Qué diferencias, a la hora de grabar se dieron entre ambos discos?
“Diferencias de todo tipo. Para “We never know how the day will end” (2012) nos fuimos una semana a Gandía, a los estudios Tigruss. Allí grabamos todo en directo, a mil por hora, y las mezclas fueron un proceso de muchos meses y muchas personas tratando de ayudar, ya que no teníamos dinero para pagarle a nadie. Al final el resultado fue muy bueno, teniendo en cuenta todas las dificultades con las que nos encontramos. Eso hay que agradecérselo a la gente que siempre está ahí para ayudarnos pase lo que pase, como Raúl Galán, que fue quien finalmente puso orden en la mezcla. En el caso de “Fur” (2015), tuvimos claro que queríamos confiar el sonido del disco a alguien desde el principio, para evitarnos ese tipo de quebraderos de cabeza. Manuel Cabezalí había masterizado “We never know how the day will end”, sabíamos que le gustaba lo que hacíamos, nosotros admirábamos su trabajo y nos entendíamos bien, con lo que lo tuvimos claro. Grabamos en los estudios El Lado Izquierdo, en Madrid, y estamos muy felices con el resultado”.

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¿Cómo focalizáis la realización de las canciones? Composición y construcción de las mismas.
“Todas las canciones están compuestas por mí, excepto “Goldfish Memory”, cuya música es de Alfonso. Las hago en los ratos en los que estoy sola en casa y generalmente las grabo con la intención de exteriorizar un poco más lo que tengo en la cabeza y ver lo que me gusta y lo que no. Se las suelo pasar a mis compis, y después, en el local, les damos vueltas hasta que todos sentimos que hemos encontrado la idea que se quería expresar”.

Vuestra música es muy melódica, pero a la vez personal. Me remite a artistas que han hecho discos que son de fácil escucha, de calidad, pero que bajo ese Pop luminiscente, y cuando hablo de Pop, me refiero al Pop de verdad, esconden algo más allá, mensajes introspectivos. ¿Es vuestro caso?
“Las canciones parten de la introspección. Para mí hacerlas es una manera de poner perspectiva a mis conflictos y tratar de enfrentarme a ellos. Y si de ahí sale pop luminoso o thrash metal, ¡bienvenido sea!”

Pudisteis telonear a Juliana Hatfield, todo un referente en vuestra música. No es una artista muy conocida en este país, desgraciadamente. ¿Cómo entrasteis en contacto con su música?
“Creo que el resto de YAY no la conocían hasta que me conocieron a mí. Yo tenía doce años y estaba escuchando la radio. Empezó a sonar “For the birds” y me dio tal flechazo que lo único que quería era llegar a grabarla antes de que se acabara y la perdiera para siempre. Tardé año y medio en encontrar el disco y en oír cualquier otra canción de Juliana Hatfield, solo ese trozo de “For the birds” que grabé en mil cintas por seguridad. ¡Ese tipo de cosas marcaban mucho!”

¿Qué tal fue la experiencia de telonearla? Se suele decir que es mejor no conocer a tus ídolos, aunque siempre hay excepciones.
“Pues esta es una excepción. Yo le tengo mucho respeto, como artista y como persona, así que fue uno de los mayores gustos de mi vida abrir para ella en Madrid y Barcelona y que después nos felicitara por nuestra música. No me permití ejercer de fan hasta 5 minutos antes de tocar en Madrid el último día que tocamos con ella y Matthew (Caws, de Nada Surf). Ahí se enteró de que la teloneaba ni más ni menos que su fan número uno. Le hizo mucha ilusión y yo nunca he salido tan contenta al escenario”.

Siempre que miro vuestra agenda, tenéis conciertos. Aún así, es sabido que no es éste el mejor país para vivir de la música. Incluso artistas de culto americanos que vienen aquí y nos creemos que son estrellas, tampoco viven de ella para sorpresa de quienes no lo sepan. ¿Resulta complejo compaginar el día a día con una banda?
“Muy complejo, sí. Cada persona en el grupo tiene su vida y hacerla compatible es complicado. Ahora mismo estamos en un período de descanso por esa razón”.

Es una pregunta frecuente, pero qué futuro vislumbráis al negocio musical.
“¿El futuro del negocio musical de quién? ¿De los grupos, de los promotores de festivales, de los dueños de salas de conciertos, de la gente que hace bandas sonoras, de quien invente el próximo Spotify? Unos no llegarán a fin de mes, otros se forrarán y otros vivirán en tensión constante por mantenerse en un término medio. La música andará por ahí por el medio, en teoría”.

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¿Es el directo una catarsis? Hay bandas para las que los conciertos un simple trámite, y otras que, aunque toquen para diez personas, lo dan todo.
“Nosotros tratamos de darlo todo siempre, pero es verdad que hay conciertos que se cogen con unas ganas increíbles y que se disfrutan de manera difícil de describir”.

Un miembro del grupo no tiene su nombre real. Yo firmo con uno que tampoco es real. ¿Alguna razón en concreto?
“Sí, el nombre surgió porque no quería poner mi nombre real en Internet. Eso fue hace bastantes años y, con el tiempo, ha resultado ser muy útil para muchas cosas (secretas). La múltiple personalidad es tan cansada como práctica y emocionante, por ahora me gusta”.

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