RIVEROS

Publicado: noviembre 3, 2017 en Uncategorized

 

riveros001EL cantautor chileno Riveros se ha postulado como una de las revelaciones de los últimos años, con una propuesta ecléctica y rica en matices. Acaba de publicar un recopilatorio, una excusa como otra cualquiera para entrevistar a este intrépido intérprete de la canción latinoamericana.

 

 

Qué diferencias encuentras entre la escena musical chilena y mexicana, además de los estilos de vida.

Últimamente por un par de temporadas me la he pasado entre México y Chile. Estuve muy distanciado de Chile, un día me marché y no regresé por cuatro largos años, me cansó la miopía de los medios y tanta nostalgia por los noventas, entre la que no había lugar para una propuesta como la mía. Me instalé en México, donde mis trabajos tuvieron otro reconocimiento, fueron vistos desde otra perspectiva y me convertí en otro artista. Fue un cambio radical para mí, mientras que en Chile seguía todo igual. Dejé atrás un país donde todo es más aspiracional, y fui adoptado por un país extremadamente pasional, y encajé porque mi trabajo también es pasional. De la escena musical chilena, veo que aún allí hay mucha nostalgia por el pasado; mucho concierto de reunión y mucha reedición, lo que lo ha hecho un micro clima, ya que muchas de las cosas que suenan en Chile, no suenan en México, entonces no estoy muy enterado de lo que pasa actualmente.

Antes de debutar como solista tuviste una banda, Truman. Qué te enseñó estar en un grupo para luego asentarte como solista.

riveros002Fueron años de mucho aprendizaje, y ahora que lo preguntas, creo que lo que más aprendí fue a no esperar nada. Trabajábamos sin mirar lo que hacían los grupos de al lado, ni lo que íbamos avanzando. Supongo que eso definió un carácter que no se podía asociar a otros grupos que sonaran en Chile entonces, porque no era sólo música, intenté que cada show fuera una experiencia para el público, y eso me acompaña hasta ahora. Quienes me han ido descubriendo, notan que no me generé de manera espontánea, que traigo mi propia mitología, que tengo otra historia con otras canciones antes, y ahí hay una base de lo que soy ahora, aunque nunca planeé que fuera así.

Truman tenía un sonido más de rock alternativo.

Si, por muchos años fuimos una banda de rock sin baterista, entonces las secuencias tenían un rol bien protagónico. También fuimos raros, cuando existía el grupo, en Chile predominaba una escena garage indie más sucia, y nosotros intentamos sonar y vernos bien. Con los años me fui sintiendo limitado en cuanto al sonido y los timming de trabajo, lo que inevitablemente derivó en que nos separáramos. Hoy, el no estar en una banda, me ha dado la libertad de escoger a mis colaboradores en función no mía, sino de la canción, porque pienso que las canciones son las importantes, no los artistas.

Escribes poesía. Muchas veces la línea que distingue el poema y de la letra de una canción es difusa. Cómo decides que un escrito sea un poema o una letra de canción.

Para mí se dan como procesos creativos distintos, aunque no tengo una fórmula para ninguno de los dos. Llevo conmigo un poemario, y desde ahí se han ido asomando los libros. Con las canciones es distinto, siento que me vienen a buscar, que es como percibir que se avecina una tormenta, entonces trato de esperarlas con un instrumento entre los dedos, aunque luego de hacerla salir, y terminarla, sea más parecido a ver salir el sol

Tu estilo varía entre el de un crooner, y en ocasiones con elementos electrónicos. Cómo te definirías tú como músico.

vertebralMe cuesta definirme. Soy raro en todo, siempre lo he sido, y lucho contra lo nocivo que es etiquetarse. Además, muchas veces, a los que hacemos canciones y las cantamos sin estar al frente de una banda, se nos confunde con trovadores, y yo no estoy ni cerca de eso, soy otro tipo de artista. Estoy más cerca de Bowie que de Silvio Rodríguez, además que mi mutación sonora, no ayuda demasiado a un etiquetado, porque siempre voy sonando distinto, me gusta descubrir, experimentar, ser a ratos más sencillo y otras más complejo.

Hablemos del recopilatorio Verteverbal 2007-2017. Cómo fue su elaboración.

La idea fue sacar una foto a mi carrera antes de seguir la ruta, porque a pesar de que llevo más de una década sobre los escenarios, el estar en constante movimiento me ha llevado a presentarme como un artista nuevo cada vez que estoy frente a una audiencia nueva. Ahora tengo este disco para decir desde dónde vengo y dónde he estado. Para hacer el tracklist eché mano a la lógica de los singles, quise que fuera cronológico para que se entendieran los cambios por los que he atravesado, por eso veo a este disco como mi “Changesbowie”, mi “Inmaculate collection”, guardando humildemente las proporciones. Como no soy nostálgico, aproveché de poner dos canciones nuevas que estaba ansioso por salir a tocar en vivo: “Una taza de café” y “Una trampa hecha de barbas”.

Has sacado singles en plataformas digitales. Qué dirías a favor de este tipo de promoción por internet

Ha sido una consecuencia inevitable de la modernidad. He lanzado algunas canciones aparte de los discos, porque creo que no han tenido que ver con ellos, y me gusta también el rito retro de acompañar los sencillos con una cara B. Puedo decir a favor de ello: el valor de la inmediatez, que ya no hay que esperar que esté listo el álbum, ni preguntarle a una compañía. Pero sigo siendo un amante de los discos, soy de los que creen en ellos, más que como si fueran un puñado de canciones reunidas. Me gusta que mis discos se entiendan desde el primer track hasta el último, y que tengan coherencia entre sus caras.

Llevas una imagen característica. Hasta qué punto te ha influenciado estéticamente el glam, desde T Rex a grupos más modernos como Suede.

Desde mis inicios, mi brújula creativa apuntó a eso, al glam. Encontré allí otra arista, una tribuna extra para manifestarme más allá de las palabras, poder provocar y ser distinto cada noche de conciertos, que es una garantía de que cada presentación será una experiencia distinta, porque no me gusta repetir actos. De Suede, y principalmente de Brett Anderson, aprendí que podía ser todo lo ambiguo que quisiera sobre un escenario y seguir sonando profundo. Él ya no es el jovencito sexy e insolente, pero aún me emocionan tremendamente sus discos. Supongo que con los años también me he moderado un poco. Fui atrevido antes y quienes me siguen saben que no voy a estar quieto. Cuando veo registros antiguos de Brian Eno, usando trajes muy similares a los que he usado, y veo sus fotos actuales, más atenuado, pero igual de magnético, siento que todos los rockeros maquillados y emplumados que he escuchado en la vida me han motivado a dibujar este camino propio.

 

¿Cómo concibes los directos? ¿Son como una catarsis?

Amo los directos. Siempre he pensado que son como una especie de graduación de las emociones, un momento especial para las canciones. Me gusta cantar en directo, y ver que le pasa a la gente cuando se conecta con lo que interpreto. Me gusta salir de gira y convertirme en otro hombre cuando terminan, porque no vuelvo a ser el mismo después de cada show. También me gusta cantar donde sea, donde me lo pidan, aunque no lleve un instrumento, porque los artistas no debemos cargar excusas. En la última gira por México asumí que, más que cantar, lo mío es cerrar los ojos y recordar en voz alta, dejar que el corazón se encargue de todo.

Alguna vez han mencionado tu nombre junto al de Bunbury como asociación musical. ¿Te molesta? Lo digo porque creo que tienes una idiosincrasia propia.

Es cierto, pero no me molesta, y lo entiendo un poco, porque varios de sus colaboradores han sido colaboradores míos también, entonces se nos asocia dentro de un mismo círculo artístico. Tenemos en común una interpretación apasionada, cantar frases con intensidad y quizás nuestros textos provoquen algo similar entre quienes nos oyen, pero cada uno tiene su personalidad. Cuando grabé una de sus canciones, (“Dos clavos a mis alas”, en 2011, Bunbury aún no había lanzado oficialmente su versión), quise mostrar que podía tomar una de sus canciones y no sonar como él, hacerla sonar bajo mis propios códigos y hacerla latir a mi estilo. Bunbury ha sido atento y cordial conmigo, y le agradezco por eso, pero como bien dices, tengo una idiosincrasia propia, un universo propio, eso se nota en mis discos, en mis directos y me gusta que lo veas así también.

riveros005Dime tus primeros ídolos musicales.

Desde niño me llamaron la atención los cantantes que tenían una personalidad estética imponente, los que se expresaban más allá de la palabra y la voz. Fundamental para mí ha sido David Bowie, y muchos de los que él inspiró, desde Brett Anderson a Jas Mann, pasando por Hedwig Robinson. Supongo que me enamoré de Elvis Presley, y de todo aquel que no se subiera al escenario vestido como si fuera al supermercado. Crecí creyendo que ser un artista así era un poco como ser un superhéroe, aunque también hay algunos villanos que son igual de atractivos. creo que he ido aprendiendo un poco de todos.

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