CHINESE DEMOCRACY POPULAR1 RESEÑA

Publicado: mayo 11, 2018 en Uncategorized

 

cd guns

Por cuestiones extramusicales, “Chinese Democracy” se ha convertido en el álbum más importante de este milenio. Adelantar ese “título” hasta la fértil, diferente y añorada década de los noventa, sería una falta de respeto no solo a los grandes álbumes de la época que todos podáis imaginar (“Third Eye”, “Nevermind”, “Ten”, “Angel Dust”, “The Downward Spiral”…) sino a la propia historia de Guns N’ Roses por aquel entonces, cuando aún podían ostentar su reinado como un grupo; excesivamente imperfecto, extrañamente caótico, pero, al fin y al cabo, único en su especie. ¿Quién podía atentar contra la supremacía de Axl y compañía por aquel entonces, en lo suyo? Absolutamente nadie. Ni los U2 de “Achtung Baby” o la emergente, para el gran público, hornada de grupos de Seattle, básicamente porque jugaban en ligas que, aunque con puntos en común, distaban demasiado como para caer en las vacuas comparaciones. E incluso cuando todas esas grandes bandas estaban ya en decadencia o desaparecidas del mapa, la sombra era demasiado alargada y había aún suficientes excepciones magistrales para no hacer hueco al disco más caro de la historia. William Ax Rose siempre ha sido un personaje insólito, en cualquier generación, en cualquier instante. Y estos últimos años, donde los únicos hallazgos válidos a nivel musical son casi equidistantes a lo que conocemos como Rock, en su más directa acepción, Axl sigue siendo excepcional. “I Am A Bird Now” de Antony and the Johnsons, o “Frances The Mute” de The Mars Volta, son obras maestras, pero difícilmente capaces de lograr la histeria colectiva de cualquier canción de Axl; ambos artistas o grupos son demasiado suyos y, a la vez, no tienen el sentido comercial, melódicamente radiofónico, y auténtico, del imprevisible W.A.R.. Eso podría explicar parte de la increíble cobertura que tiene “Chinese Democracy”, después de tantos años. ¿Quién se acordó, más allá de unos cuántos paladares exquisitos, o lectores de revistas estilo Mojo o Uncut, de “Smile”? Desgraciadamente no mucha gente de la calle, pero con Axl las cosas funcionan de otra manera. El aspecto bizarro, delirante, de egomaniaca estrella del Rock con traumas psicológicos, que tanto daño le ha hecho (tanto como para joder un grupo especial), también le ha ayudado para que sea un personaje público de los que conoce hasta tu antiguo profesor de matemáticas. Publicaciones sensacionalistas o prensa seria, todos han seguido sus andanzas, y estos años de cambios, anulaciones, locura y silencio, no han hecho más que añadir morbo y expectación a partes iguales. Incluso con el álbum ya filtrado, pocos se pueden resistir a escucharlo antes de su salida oficial. Ex fans con un odio visceral a todo lo que sea para ellos “rockista” y les recuerde su pasado, seguidores de cualquier proyecto que lleven a cabo los integrantes de la saga Gunner, miembros de tribus urbanas decadentes intrigados por la curiosidad, con ganas de afilar sus cuchillos, y, finalmente, personas que han mantenido su fe en W.A.R., algunos con un sentido de la objetividad más desarrollado, otros capaces de alabar cualquier disonancia que haya creado el cantante de Lafayette. Es algo tan inusual, irreal, increíble, que muchos aún se tienen que pellizcar para ver que, realmente, “Chinese Democracy” existe, y sus malsanas dudas sobre los créditos del álbum son ya tiempo pretérito. Y encima, lo ha publicado el año de las olimpiadas en Pekín y la elección del primer presidente afro americano de Estados Unidos. Solo por ese par de hechos, “Chinese Democracy” va a figurar al lado de cualquier libro de historia que sea riguroso y preciso. Aunque el disco no sea una obra maestra (que no lo es), estará siempre ligado a los recuerdos de miles de personas, por una simple cuestión asociativa. Reconocer que, en la reciente visita de servidor a Nueva York, esperaba verme agredido/seducido por miles de carteles y anuncios del álbum, en Times Square, en las puertas de cualquier “Best Buy”, etcétera…Pero era el momento de AC/DC. Los hermanos Young iban a sacudir la gran manzana, y hay cosas aún más sagradas y que la gente se toma bastante más en serio que Axl, o al menos para olvidarse del asunto una semana y dedicarse a lo que realmente importaba. Digamos que ahora es el momento que importa, y que, por fin, podemos hablar directamente de “Chinese Democracy”. Como era de esperar, muchas de las filtraciones han sido renovadas sólo lo justo para conseguir descubrir nuevos matices, una producción más cuidada, y algunos cambios, en algunos casos, negativos. El mejor tema del álbum, “Catcher In The Rye”, esa preciosista, sensible balada, sacrifica la guitarra original de Brian May, y eso le hace perder puntos. Continua siendo el mayor ejemplo contra los detractores de Axl, evidenciando que éste no solo tiene un potencial creativo enorme, sino que en cualquier momento puede apabullarnos sacando piezas de bella factura, que no hubieran desentonado en los “Illusions”. “Street Of Dreams” (conocida como “The Blues” hasta ahora) sigue esa estela, entre grandilocuente y emocional, en donde podemos observar a Axl en su esplendor, vaciándose mientras el grupo le acompaña. No puedes dejar de pensar en Elton John o Freddie Mercury. “Madagascar”, aún siendo algo inferior, también podría adherirse a ese estilo. En “This I Love”, aunque se nota que ha intentado crear algo muy a la manera del cantante de Queen, le ha quedado en un extraño término medio, equidistante entre un tema de Mercury y cualquier diva del Pop con buena voz, como Celine Dion, por ejemplo. ¿Os extrañáis de ver su nombre en esta reseña? Nadie querría tampoco mencionar el nu metal, pero es obvio que Axl ha intentado hacer algo tan complejo, que atrape a un público tan diferente, que en muchas ocasiones ha perdido la perspectiva y el sonido se adhiere a cualquier moda musical que le intrigue. En algunos casos, como la épica urbana y moderna de “There Was A Time”, o la atmosférica “Sorry”, el resultado ha sido una agradable sorpresa, pero los temas de corte más industrial (“Shakler’s Revenge” y “Rhiad N’ the Beduins”), parecen recoger el típico esquema de máquinas que usaron tantos grupos de Nu Metal, en vez de desarrollarse a lo Nine Inch Nails. Son canciones que habrían ganado de tener un tratamiento diferente, no tan desfasado. Si volvemos al lado positivo, destacan la rockera “Chinese Democracy” (¡creada por “Kundun”!) y “Better”, los dos primeros singles del álbum. En el caso concreto de “Better”, vemos un retrato bastante fidedigno de lo que era y es Axl en la actualidad. Hay partes que encajarían tocadas por sus antiguos compañeros, pero también encontramos fragmentos absolutamente modernos, metálicos e industriales, inimaginables antaño. “I.R.S.” sería la otra cara de la moneda, buenos instantes lastrados seguidamente con sonidos modernos y mainstream que la invalidan completamente. “If The World”, con sus inocuas y patéticas líneas vocales, junto a unas insufribles guitarritas latinas, podía haber sido borrada sin que nadie llorara por ella. El eclecticismo mal entendido de “Prostitute”, fusionando una balada cutre con un metal, el Hard Rock y un final épico de banda sonora, la convierten en un ejercicio interesante pero fallido. Gratas excepciones del primer álbum de Velvet Revolver, como “Sucker Train Blues” o “Set Me Free”, se muestran mejores que estas extrañas composiciones de Axl.
Si nos fijamos en quiénes han figurado en el álbum, observaremos atónitos canciones con hasta cinco guitarristas (toda la pandilla; Paul Tobias, Buckethead, Robin Finck, Ron Thal y Richard Fortus), arreglistas invitados, diferentes baterías…el único que no destaca (para bien) del baile de nombres es el legendario bajista de los Replacements, Tommy Stinson, fijo en su puesto y haciendo a veces coros. A nivel de producción, los que se han dedicado a darle forma al asunto en su globalidad han sido Axl y un tal Caram Costanza, pero, cómo no, hay trampa. Producciones añadidas, o preproducciones. Se pueden leer los nombres de Roy Thomas Baker, Youth y Sean Beavan, entre otros. El álbum ha sido registrado en diferentes estudios (más de diez) de Los Ángeles, Las Vegas, Nueva York y Londres. Hasta los agradecimientos son imprevisibles e inesperados (sí, ahí están Beta Labeis e incluso Izzy, pero también Donatella Versace y Kimi Räikkönen).
Después de lo escuchado, leído y visto, la única conclusión lógica es que “Chinese Democracy” es todo lo que esperábamos, e incluso más. Nadie creía ya en una obra maestra, sino un álbum excesivamente diferenciado en cada una de las catorce piezas que componen su engranaje, con un espíritu tan variado, pretendidamente transgresor y moderno, que no dejaría a nadie saciado, pero tampoco descontento. Como Axl Rose, “Chinese Democracy” son varios mundos, lo suficientemente grandes para albergar distintos fans. Chinese Democracy stops now!.

Reseña publicada originalmente en Popular1, diciembre de 2008. Esta versión está modificada.

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